Beatriz González, artista y crítica de arte colombiana reconocida por enfrentar en su obra las violencias políticas, el duelo y la identidad nacional, falleció el viernes 9 de enero. Su familia confirmó la noticia sin revelar las causas de su muerte. González nació en Bucaramanga el 16 de noviembre de 1932 y dejó una huella profunda en la historia del arte colombiano.
Inició sus estudios en Arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia, pero pronto decidió dedicarse a las artes plásticas. Se formó en la Universidad de los Andes bajo la influencia de Marta Traba y Juan Antonio Roda, y amplió su formación en la Academia Van Beeldende Kunsten de Rotterdam. En 1963, el Museo de Arte Moderno de Bogotá le otorgó su primera exposición individual, lo que marcó el inicio de su proyección pública.
En 1965 presentó “Los suicidas del Sisga” en el XVII Salón Nacional de Artistas. Aunque la obra generó controversia y críticas iniciales, el jurado le concedió el segundo premio especial. Con el tiempo, esta pieza alcanzó reconocimiento internacional y sus tres versiones se exhibieron de manera simultánea en el Tate Modern de Nueva York.
Desde la década de 1980, González concentró su producción en la violencia y el papel testimonial del arte. Hechos como la toma del Palacio de Justicia y experiencias personales influyeron en una obra cada vez más simbólica y de tonos sombríos. En esa línea destacó “Auras Anónimas”, intervención realizada en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá, dedicada a las víctimas anónimas de la Violencia de 1948.
Además de su trabajo artístico, González ejerció como curadora, docente e investigadora. Dirigió colecciones del Museo Nacional y el área educativa del Mambo, y asesoró al Banco de la República durante décadas. En sus últimos años, múltiples exposiciones celebraron su legado. En 2025, Bogotá impulsó la restauración de “Auras Anónimas” como homenaje a una de las creadoras más influyentes del país.




