Explota Asia: bombardeos y ofensivas desatan guerra abierta entre Pakistán y Afganistán

A principios de 2026, las tensiones históricas entre Pakistán y Afganistán se transformaron en un enfrentamiento abierto que ha sacudido el sur de Asia y reavivado temores de una guerra de mayor escala. Este conflicto, que se ha intensificado en las últimas semanas, tiene raíces profundas en disputas de seguridad, presencia de grupos insurgentes y un largo historial de desconfianza entre los gobiernos de ambos países.

El 27 de febrero de 2026, Islamabad declaró oficialmente una “guerra abierta” contra Afganistán después de realizar bombardeos aéreos no solo en zonas fronterizas, sino también en ciudades como Kabul, Kandahar y Paktia, según reportes oficiales paquistaníes. Las autoridades de Pakistán afirman que estos ataques tenían como objetivo neutralizar a miembros de los talibanes afganos y del grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), al que responsabilizan de organizar atentados insurgentes dentro de territorio pakistaní.

Por su parte, el gobierno afgano, liderado por los talibanes, condenó los bombardeos como violaciones a su soberanía y responsabilizó a Islamabad por la escalada. En respuesta a los ataques, fuerzas afganas y milicias talibanes lanzaron ofensivas contra posiciones paquistaníes, con combates registrados a lo largo de la Línea Durand, la frontera de facto entre ambos estados.

Las cifras de víctimas y daños varían según cada parte: Pakistán ha declarado la muerte de cientos de insurgentes y miembros de grupos armados, mientras que Kabul denuncia bajas civiles y militares ocasionadas por las ofensivas transfronterizas. El conflicto también ha incluido el uso de drones, actividades de artillería y capturas de puestos fronterizos por ambos bandos.

Esta guerra no solo representa una ruptura del frágil alto el fuego que había mediado en 2025, sino también un desafío para la estabilidad regional. Potencias como Rusia han llamado a ambas naciones a negociar y terminar con los enfrentamientos, mientras la comunidad internacional observa con preocupación las consecuencias humanitarias y geopolíticas que esta escalada podría desencadenar.

En resumen, el conflicto entre Pakistán y Afganistán es mucho más que choques fronterizos: es una confrontación abierta impulsada por acusaciones de apoyo a insurgentes, rivalidades políticas y una frontera históricamente compleja que ahora pone en riesgo la seguridad de toda la región.

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