En los caminos destapados que atraviesan las veredas de este municipio, el tránsito cotidiano dejó de ser una rutina para convertirse en una decisión de riesgo. La presencia de artefactos explosivos en zonas rurales ha generado un impacto directo en la movilidad de las comunidades campesinas y ha limitado el acceso de niños y adolescentes a sus instituciones educativas.
En esta región del norte del Caquetá, los recorridos que antes se realizaban a pie o en bicicleta ahora están marcados por la incertidumbre. Habitantes aseguran que salir de sus viviendas implica enfrentarse a un territorio que no ofrece garantías de seguridad, lo que ha modificado por completo las dinámicas sociales y productivas del campo.
La situación fue advertida por la Comité Internacional de la Cruz Roja, durante una misión humanitaria adelantada en la zona, en la que fueron entregados alimentos y kits de bebé a cerca de 600 personas. La organización alertó sobre el grave riesgo que enfrentan los civiles debido a la posible presencia de artefactos explosivos en los caminos rurales.
De acuerdo con testimonios de la comunidad, actividades básicas como la recolección de cosechas, el traslado de productos agrícolas o el simple desplazamiento hacia centros poblados se han visto seriamente afectadas. Esto ha tenido consecuencias directas en la economía familiar y en la seguridad alimentaria de las familias campesinas.
“Los niños ya no pueden divertirse como antes lo hacían”, relataron habitantes de la zona, al describir cómo los espacios de recreación y convivencia han quedado reducidos por el temor constante. Según explican, incluso los trayectos hacia las escuelas se han convertido en una preocupación diaria para padres y docentes.




