EXPERIENCIAS DE RECLUSOS IMPACTAN A COLEGIO


Estudiantes escucharon testimonios reales de población privada.

Lo que parecía una jornada escolar normal terminó convirtiéndose en una escena inesperada que dejó a estudiantes, docentes y comunidad en completo asombro. En la Institución Educativa Técnica de Puerto Serviez, en Puerto Boyacá, un grupo de personas privadas de la libertad irrumpió en el entorno académico, no para generar miedo, sino para lanzar un mensaje contundente: delinquir no paga.

La presencia de 13 internos del INPEC, liderados por el director del establecimiento penitenciario, César Augusto Poveda, marcó un hecho poco común en la región. Bajo la estrategia “Buena Esa”, los reclusos no solo participaron en labores de embellecimiento del plantel, como poda de árboles y adecuación de espacios, sino que también se enfrentaron cara a cara con los estudiantes para relatar sus experiencias tras las rejas.

El impacto fue inmediato. Jóvenes que escucharon, sin filtros, historias reales de quienes hoy viven las consecuencias de malas decisiones. Relatos de encierro, pérdida de libertad y arrepentimiento que buscaron generar conciencia en una población vulnerable ante los riesgos de la delincuencia.

“Esto no es vida”, fue uno de los mensajes más repetidos por los internos, quienes aprovecharon el espacio para insistir en que la educación es el único camino real para cambiar el destino. La crudeza de sus palabras caló en los asistentes, en una jornada que fue mucho más allá de lo simbólico.

Pero detrás de esta actividad también surge el debate: ¿por qué tiene que ser la cárcel la que llegue a las aulas para generar conciencia? La comunidad ha cuestionado la falta de estrategias preventivas más fuertes desde las instituciones, obligando a recurrir a este tipo de medidas que, aunque impactantes, evidencian una realidad preocupante.

El personero municipal, Jaime Linares González, respaldó la iniciativa, destacando que estos espacios ayudan a construir procesos de resocialización y a fortalecer el tejido social. Sin embargo, líderes locales advierten que el problema va más allá y exige acciones estructurales.

La actividad contó además con el acompañamiento de la Policía Nacional, autoridades locales y representantes comunitarios, en un intento por mostrar un trabajo articulado entre entidades. No obstante, para muchos, el verdadero reto será sostener este tipo de intervenciones y no dejarlas como hechos aislados.

Mientras tanto, la imagen de internos trabajando dentro de una institución educativa y hablando abiertamente de su pasado deja una huella difícil de borrar. Un mensaje directo, sin adornos, que pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿estamos fallando en prevenir lo que después terminamos castigando?

La estrategia “Buena Esa” busca precisamente transformar la percepción sobre las personas privadas de la libertad y demostrar que, incluso desde el encierro, se puede aportar a la. sociedad

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