El reciente anuncio del Gobierno de Ecuador sobre un superávit comercial con Colombia ha generado un intenso debate entre autoridades y expertos económicos. Mientras el Ejecutivo ecuatoriano celebra el resultado como un hito histórico, exministros y analistas advierten que el dato puede estar ocultando una realidad menos favorable: una contracción del comercio entre ambos países.
Según cifras oficiales, Ecuador registró un superávit cercano a los 62 millones de dólares entre febrero y marzo de 2026, algo que no ocurría desde hace más de 25 años. Este cambio en la balanza comercial se dio tras la implementación de aranceles de hasta el 30% e incluso superiores a productos colombianos, en medio de una escalada de tensiones comerciales entre ambos gobiernos.
Un superávit “engañoso”, según exministros
Sin embargo, exfuncionarios ecuatorianos han cuestionado la lectura optimista del Gobierno. El exministro de Producción, Julio José Prado, aseguró que el superávit no refleja una mejora estructural del comercio exterior, sino una caída en las importaciones desde Colombia.
De acuerdo con su análisis, la reducción del intercambio bilateral —que cayó en aproximadamente 117 millones de dólares en solo dos meses— es la verdadera explicación detrás del cambio en la balanza comercial.
“Cuando Ecuador importaba de Colombia, ambos ganaban. Cuando ese flujo se reduce, ambos pierden”, ha sido una de las principales críticas, señalando que el resultado responde más a restricciones comerciales que a un fortalecimiento económico real.
En la misma línea, otros exministros han indicado que centrarse únicamente en la balanza comercial “carece de rigurosidad técnica”, ya que no mide variables clave como el impacto en precios internos, empleo o crecimiento económico.
El contexto: una creciente tensión comercial
El superávit se produce en un contexto de tensiones entre ambos países, que iniciaron a comienzos de 2026 cuando Ecuador impuso aranceles a productos colombianos argumentando razones de seguridad, como el combate al narcotráfico y la minería ilegal.
Colombia respondió con medidas similares, lo que derivó en una especie de “guerra comercial” con efectos inmediatos en el intercambio bilateral.
Estas decisiones encarecieron los productos colombianos en el mercado ecuatoriano, reduciendo su demanda. A su vez, algunos exportadores ecuatorianos habrían adelantado envíos ante el temor de nuevas restricciones, lo que infló temporalmente las cifras de exportación.
Menos comercio, no más competitividad
El Gobierno ecuatoriano sostiene que el superávit también responde a factores como el encarecimiento de productos colombianos, cambios en el tipo de cambio y una mayor sustitución de importaciones por producción local.
No obstante, expertos advierten que estos elementos no necesariamente indican una economía más competitiva. Por el contrario, pueden reflejar una disminución en la actividad comercial, lo que a mediano plazo podría afectar tanto a consumidores como a empresas.
Además, el comercio entre Ecuador y Colombia históricamente ha sido dinámico, con intercambios cercanos a los 5.000 millones de dólares anuales, por lo que una contracción sostenida podría tener impactos regionales importantes.
Impacto regional y perspectivas
La relación comercial entre ambos países es clave para la región andina. Sectores como alimentos, energía, manufacturas y materias primas dependen en gran medida del flujo constante de bienes entre las dos economías.
En este escenario, analistas coinciden en que el superávit debe interpretarse con cautela. Más que una señal de fortaleza económica, podría ser un síntoma de tensiones comerciales que están reduciendo el volumen total de intercambio.
El reto ahora para ambos gobiernos será encontrar mecanismos de diálogo que permitan restablecer el equilibrio comercial sin afectar el crecimiento económico ni la integración regional.



