Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera
Existe un latinazgo muy conocido que dice: “excusatio non petita, acusatio manifesta”, cuando alguien se adelanta a dar explicaciones que nadie ha pedido o de forma deficiente, lo que en realidad hace es evidenciar su culpa. Y eso es justamente lo que hoy ocurre con Corpocarnaval. Desde esta tribuna no ha sido una, ni dos, ni tres las columnas de opinión en las que he señalado las falencias —tristes y reiteradas— en el manejo del Carnaval de Negros y Blancos. Sin embargo, parece confirmarse que una golondrina no hace verano. Las denuncias de artesanos, ciudadanos, concejales y actores culturales chocan contra un muro sólido e inexplicable que mantiene a las mismas con los mismos, mientras el Carnaval se muestra herido.
Resulta insensato que el señor Andrés Jaramillo continúe como gerente de Corpocarnaval, pese a lo ocurrido en los últimos meses alrededor de la fiesta más importante de los nariñenses. La burocracia, la desfachatez y la prepotencia evidente con la cual se viene dirigiendo las riendas de esta corporación quedaron reflejadas en una de las ediciones más deslucidas y controvertidas de nuestro carnaval de principio a fin.
Este no es un debate superficial ni una distracción mediática como lo que ahora pretenden hacer con una reina que hizo lo que tenía que hacer, aprovechar los minutos de fama que da su elección. Se trata de asuntos estructurales. El proceso de elaboración de carrozas comenzó mal y terminó peor. Este año se evidenció una pérdida notable de calidad y exuberancia. Incluso en redes sociales, una encuesta mostró que, entre las carrozas ganadoras de los últimos años, la favorita de público fue la de 2024, seguida por la de 2025, quedando la de 2026 con escasa votación. Vox populi, vox Dei.
Lejos de mejorar los problemas del carnaval, la llegada de Jaramillo ha profundizado y generado nuevas controversias. Por ejemplo, el cambio de la senda se impuso sin estudios técnicos conocidos. La avenida 27 representa un riesgo evidente para danzantes, artistas y vehículos, situación advertida en repetidas ocasiones y sistemáticamente ignorada. El resultado fue claro: desfiles cortados, eventos largos y deslucidos, y una sensación generalizada de que la calidad fue reemplazada por el beneficio del patrocinio y el manejo poco claro de los recursos. Responder derechos de petición con cifras imprecisas no es rendir cuentas. Corpocarnaval debe entregar informes reales, como cualquier entidad que administra recursos públicos. Y ojo cultores, artesanos y artistas del Carnaval, porque según dicen los “gurús” del Carnaval, aquellos que de todo se enteran y por eso viven arrodillados, el próximo año, las condiciones para participar serán más arbitrarias y desproporcionadas.
El tema de los influencers terminó por desbordar la situación. Fiestas, hospedajes y gastos que primero se atribuyen a la corporación y luego a Fontur, en una cadena de excusas poco creíbles. Surge entonces una pregunta ¿A los tales influencers se les exige cosas extravagantes, como se hace con los artesanos para estar en la senda y luego cobrar millones? A los artesanos no se les permite detener su obra para una foto. A ellos se les dice “sigan, sigan”, como ocurrió con los niños en el desfile del Carnavalito y a los Colectivos Coreográficos el 3 de enero, pero a estos “famosos” por accidente, sí se les concede detener carrozas, pleitecia y demás.
Señor alcalde, el balón está en su campo. Mantener a Andrés Jaramillo y su equipo al frente de Corpocarnaval es una desfachatez. Si no se actúa ahora, en 2027 veremos un carnaval aún más deteriorado y más lejano de aquella hermosa y única celebración popular, patrimonio Inmaterial de la Humanidad.




