Los tres países bálticos han intensificado su cooperación para proteger infraestructuras críticas frente a sabotajes, ciberataques y otras amenazas híbridas. Aunque no existe confirmación oficial de un nuevo centro cibernético trilateral con las características señaladas, sí avanzan mecanismos regionales de vigilancia, intercambio de información y respuesta ante incidentes en el fondo marino.
La protección de las infraestructuras submarinas se ha convertido en una de las principales prioridades de seguridad para los países que rodean el mar Báltico. Lituania, Letonia y Estonia han reforzado durante los últimos años su coordinación para responder a posibles amenazas contra cables de telecomunicaciones, conexiones eléctricas y otras infraestructuras estratégicas que atraviesan las aguas de la región.
El movimiento se produce después de una sucesión de incidentes que han afectado cables de comunicaciones y energía en el Báltico y que han llevado a la OTAN, la Unión Europea y los gobiernos de la zona a aumentar la vigilancia marítima.
Sin embargo, existe una precisión fundamental: no hay evidencia pública suficiente para afirmar que los tres países hayan creado o acordado recientemente un “centro cibernético conjunto” destinado específicamente a vigilar cables y tuberías submarinas.
Lo que sí existe es una arquitectura de cooperación cada vez más amplia en la que participan los países bálticos, los países nórdicos, la Unión Europea y la OTAN.
Una infraestructura estratégica bajo el mar
Los cables submarinos son una pieza fundamental de las comunicaciones modernas. A través de ellos circula la mayor parte del tráfico internacional de datos, mientras que los cables eléctricos permiten conectar los sistemas energéticos de diferentes países.
La propia Unión Europea considera los cables submarinos una infraestructura estratégica. Según la Comisión Europea, los cables de comunicaciones submarinos transportan alrededor del 99 % del tráfico de internet intercontinental, mientras que los cables eléctricos submarinos permiten integrar los mercados eléctricos y reforzar la seguridad energética de los Estados miembros.
En el mar Báltico, estas conexiones tienen una importancia todavía mayor debido a la configuración geográfica de la región.
Estonia, Letonia y Lituania dependen de numerosas conexiones marítimas para mantener sus comunicaciones, intercambios de datos y conexiones energéticas con otros países europeos.
La vulnerabilidad quedó especialmente expuesta a partir de una serie de incidentes ocurridos desde 2022.
Los daños que encendieron las alarmas
Uno de los episodios más importantes fue la explosión de los gasoductos Nord Stream 1 y 2 en septiembre de 2022. Las investigaciones internacionales sobre ese caso han seguido diferentes líneas y no existe una atribución judicial definitiva común a todos los países implicados.
En octubre de 2023 se produjo otro incidente de gran relevancia cuando el gasoducto Balticconnector, que conecta Finlandia y Estonia, resultó dañado junto con un cable de comunicaciones.
Posteriormente, en noviembre de 2024, fueron dañados dos cables de telecomunicaciones: el BCS East-West Interlink, que conecta Suecia y Lituania, y el C-Lion1, entre Finlandia y Alemania.
En diciembre de ese mismo año sufrió daños el cable eléctrico EstLink 2, que conecta Finlandia y Estonia.
En enero de 2025 también se produjo un incidente que afectó a un cable de fibra óptica utilizado para comunicaciones entre Letonia y Suecia.
La sucesión de episodios provocó una preocupación creciente entre los gobiernos europeos debido a la posibilidad de que algunos daños fueran consecuencia de actividades deliberadas.
No obstante, es importante diferenciar entre daños confirmados, sospechas de sabotaje y atribuciones definitivas. Las investigaciones sobre varios de estos incidentes han sido complejas y no todos han terminado con una conclusión de sabotaje intencional.
La respuesta de la OTAN
La preocupación por la seguridad del fondo marino llevó a la OTAN a incrementar su presencia en el Báltico.
En enero de 2025, la Alianza anunció Baltic Sentry, una iniciativa destinada a mejorar la vigilancia y protección de las infraestructuras submarinas críticas.
La operación combina medios marítimos, aéreos y submarinos, incluidos sistemas no tripulados, con el objetivo de mejorar la capacidad de detectar actividades sospechosas y responder ante posibles amenazas.
La OTAN también cuenta desde 2024 con el Maritime Centre for the Security of Critical Undersea Infrastructure, ubicado dentro del Allied Maritime Command, en Northwood, Reino Unido.
Este centro funciona como un punto de experiencia y coordinación para la protección de infraestructuras submarinas críticas y complementa la red de expertos de la Alianza dedicada a este ámbito.
Esto es relevante porque demuestra que la vigilancia de cables y otras infraestructuras submarinas no depende exclusivamente de una iniciativa de Estonia, Letonia y Lituania, sino de una red mucho más amplia de cooperación europea y atlántica.
Los países bálticos también han reforzado su propia cooperación
Aunque no está acreditada la creación del supuesto centro cibernético trilateral mencionado en el planteamiento inicial, los tres países sí han establecido mecanismos específicos para trabajar conjuntamente.
En junio de 2025, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia firmaron un memorando para reforzar la protección y resiliencia de las infraestructuras energéticas críticas.
El acuerdo contempla cooperación frente a amenazas físicas y cibernéticas, intercambio de información, medidas preventivas y coordinación para responder ante incidentes tanto terrestres como marítimos.
Además, en 2026 los tres países han continuado coordinando sus políticas de seguridad energética y protección de infraestructuras críticas.
En febrero de 2026, los responsables de energía de Estonia, Letonia y Lituania acordaron profundizar la coordinación de sus estrategias energéticas y el intercambio regional de información.
Un ejercicio conjunto para responder a ataques contra cables
Uno de los elementos que más se acerca al escenario descrito en la información inicial es la decisión de los Estados bálticos de realizar un ejercicio conjunto de respuesta ante incidentes graves que afecten a cables de datos.
Una declaración conjunta establece que Estonia, Letonia y Lituania realizarán un ejercicio de mesa —conocido como tabletop exercise— destinado a mejorar la coordinación ante escenarios de interrupción grave de infraestructuras.
El ejercicio contempla específicamente incidentes transfronterizos relacionados con cables de datos y la participación de operadores de telecomunicaciones de los tres países.
La intención es comprobar cómo responderían los gobiernos y empresas si una infraestructura crítica dejara de funcionar y fuera necesario mantener la continuidad de las comunicaciones.
Esto representa un cambio importante en la estrategia de seguridad: ya no se trata únicamente de proteger físicamente un cable, sino también de preparar la respuesta ante las consecuencias que tendría su interrupción.
El proyecto del centro regional de vigilancia de cables
Uno de los desarrollos más importantes de 2026 es, precisamente, la creación de una estructura regional de vigilancia de cables submarinos.
Pero aquí también existe una diferencia importante respecto al titular original.
Según un informe publicado por el Centre for Eastern Studies (OSW), en enero de 2026 la Guardia Fronteriza finlandesa anunció que, en cooperación con los países del mar Báltico y la Comisión Europea, impulsaría un centro regional para monitorizar cables submarinos.
El proyecto está relacionado con el plan de acción de la Unión Europea sobre seguridad de cables y con la creación de mecanismos de vigilancia integrada para las diferentes cuencas marítimas europeas.
La finalidad sería crear una imagen de situación prácticamente en tiempo real que permita detectar y evaluar amenazas.
También se plantea integrar información procedente de diferentes fuentes y establecer mecanismos de alerta.
En determinados escenarios, los centros podrían incluso desempeñar funciones de coordinación relacionadas con la reparación de cables dañados, dependiendo de los acuerdos entre los países participantes.
Por tanto, sí existe un proyecto de vigilancia regional, pero atribuirlo exclusivamente a Lituania, Letonia y Estonia como un nuevo centro cibernético trilateral sería impreciso.
¿Por qué se habla también de ciberseguridad?
La amenaza contra las infraestructuras submarinas no es únicamente física.
Un cable puede resultar afectado físicamente por un ancla, una operación marítima, una avería técnica o una acción deliberada. Pero los sistemas que controlan las infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones también están conectados a redes digitales.
Eso significa que una estrategia de protección moderna tiene que combinar seguridad física, vigilancia marítima y ciberseguridad.
La Unión Europea ha advertido precisamente sobre la necesidad de reforzar tanto la protección física como la digital de estas infraestructuras. Su estrategia contempla mejorar la resiliencia de los cables, reforzar la vigilancia de amenazas y acelerar la capacidad de reparación.
Los países bálticos, por su parte, consideran que las amenazas híbridas —que pueden combinar sabotaje, ataques informáticos, desinformación y otras formas de presión— constituyen un riesgo creciente.
En julio de 2026, los países nórdicos y bálticos emitieron una declaración conjunta ante la OSCE en la que señalaron que las actividades híbridas rusas incluyen sabotaje, actividades cibernéticas maliciosas y alteraciones de infraestructuras críticas.
El factor de la llamada «flota fantasma»
Uno de los elementos que ha complicado la seguridad del Báltico es la denominada “flota fantasma” rusa, formada por buques utilizados para transportar petróleo y otros productos al margen de las restricciones occidentales.
Algunos barcos relacionados con investigaciones sobre daños a cables han sido vinculados por autoridades y analistas con esta problemática.
La preocupación consiste en que buques comerciales aparentemente normales pueden desplazarse por zonas donde existen infraestructuras críticas y, en determinadas circunstancias, resultar difíciles de vigilar.
La OTAN ha señalado que los incidentes registrados en los últimos años justifican una mayor vigilancia de la actividad marítima y de las infraestructuras submarinas.
Sin embargo, no todos los incidentes registrados en el Báltico han sido demostrados como actos deliberados de sabotaje, por lo que cualquier acusación concreta requiere pruebas y resultados de investigación.
Una red de cooperación cada vez más amplia
La estrategia de los países bálticos se está desarrollando dentro de una estructura mucho más grande.
Además de la cooperación directa entre Estonia, Letonia y Lituania, participan países como Finlandia, Suecia, Dinamarca, Alemania y Polonia, así como la Unión Europea y la OTAN.
En mayo de 2025, varios países del Consejo de Estados del Mar Báltico firmaron un memorando sobre la protección de infraestructuras submarinas críticas.
El acuerdo contempla específicamente cables y tuberías, además de medidas de protección física y cibernética, intercambio de información, desarrollo de capacidades de vigilancia submarina y cooperación con empresas privadas.
Esta estructura refleja la realidad del problema: un cable que conecta dos países puede atravesar aguas internacionales o zonas bajo diferentes jurisdicciones, mientras que su interrupción puede afectar a muchos otros Estados.
El desafío de reparar rápidamente los cables
La prevención no es el único problema.
Cuando un cable submarino resulta dañado, repararlo puede requerir barcos especializados, equipos técnicos y condiciones marítimas adecuadas.
Por ello, las instituciones europeas están estudiando mecanismos para disponer de capacidades de reparación más rápidamente.
El objetivo es reducir el tiempo durante el cual una infraestructura crítica permanece fuera de servicio y garantizar que existan embarcaciones, materiales y equipos disponibles en caso de emergencia.
En el Báltico, donde existe una concentración considerable de conexiones de energía y telecomunicaciones, esta capacidad puede ser tan importante como la propia vigilancia.
Un Báltico cada vez más vigilado
La evolución de los últimos años muestra que el mar Báltico se ha convertido en un escenario estratégico para la seguridad europea.
La incorporación de Finlandia y Suecia a la OTAN modificó el equilibrio regional y aumentó las posibilidades de cooperación entre los países aliados.
Al mismo tiempo, los daños registrados en cables y gasoductos han obligado a gobiernos y organizaciones internacionales a considerar el fondo marino como un nuevo espacio de seguridad.
En febrero de 2026, Estonia, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia firmaron una declaración de intenciones para avanzar en una segunda fase de Task Force X-Baltic, destinada a desarrollar capacidades nacionales que puedan apoyar la misión Baltic Sentry.
¿Se creó entonces un centro cibernético conjunto?
No hay confirmación pública suficiente para afirmarlo de esa manera.
Lo que está comprobado hasta agosto de 2026 es que:
- Estonia, Letonia y Lituania están reforzando su cooperación en seguridad e infraestructura crítica.
- Los tres países preparan ejercicios conjuntos para responder a interrupciones de cables de datos.
- Existe cooperación regional para proteger cables y otras infraestructuras submarinas.
- La OTAN mantiene mecanismos específicos de vigilancia y protección del fondo marino.
- La Unión Europea impulsa centros regionales de vigilancia de cables.
- Finlandia está vinculada al desarrollo de un centro regional de monitorización de cables submarinos.
- Los países bálticos y otros Estados europeos han creado mecanismos para compartir información y coordinar respuestas ante amenazas físicas y cibernéticas.
Por ello, la imagen que emerge es incluso más amplia que la de un único centro: Europa está construyendo una red multinacional de vigilancia, intercambio de información, ciberseguridad y respuesta rápida para proteger las infraestructuras que recorren el fondo del mar Báltico.
Un nuevo frente de la seguridad europea
La protección de cables y tuberías submarinas ha dejado de ser un asunto exclusivamente técnico para convertirse en una cuestión de seguridad nacional y europea.
Para Estonia, Letonia y Lituania, que durante décadas han buscado reducir su dependencia de Rusia y reforzar sus vínculos con la Unión Europea y la OTAN, mantener seguras sus conexiones energéticas y digitales es especialmente importante.
La estrategia que está tomando forma combina vigilancia marítima, sensores, inteligencia, sistemas no tripulados, cooperación entre empresas y gobiernos, capacidades de reparación y defensa frente a ataques cibernéticos.
El resultado es una transformación silenciosa pero significativa de la seguridad europea: el fondo del mar Báltico se ha convertido en un espacio que los gobiernos consideran tan estratégico como el territorio, el espacio aéreo y las redes digitales.


