El papel de Estados Unidos en el Mundial 2026 fue absolutamente central: con 11 de las 16 sedes del torneo concentró la mayor cantidad de partidos incluyendo los cuartos de final, las semifinales y la final, convirtiéndose en el anfitrión principal de la Copa del Mundo más grande jamás organizada. Las once ciudades estadounidenses se distribuyeron estratégicamente en tres zonas geográficas cubriendo el país de costa a costa: en el Este Nueva York y Nueva Jersey con el MetLife Stadium como sede de la gran final, Filadelfia con el Lincoln Financial Field, Boston con el Gillette Stadium y Miami con el Hard Rock Stadium. En el centro del país Dallas con el AT&T Stadium, Kansas City, Houston con el NRG Stadium y Atlanta con el Mercedes-Benz Stadium. En el Oeste Seattle, San Francisco y Los Ángeles con el SoFi Stadium como uno de los recintos más modernos del torneo.
El impacto económico que dejó el torneo en suelo estadounidense fue histórico. Bank of America estimó que el Mundial generó alrededor de 20.000 millones de dólares de actividad económica en Estados Unidos, con la mitad de los 40.000 millones generados globalmente canalizándose hacia el país norteamericano. Solo la región de Nueva York y Nueva Jersey registró 1.200 millones de dólares de gasto de aficionados solo en junio con un impacto total de 2.100 millones durante todo el torneo. El consumo con tarjetas de crédito y débito subió un 6.3 por ciento interanual en junio con los bares, restaurantes y hoteles de las ciudades sede reportando llenos absolutos semana tras semana. El Mundial 2026 además fue el trampolín perfecto para que el fútbol terminara de instalarse como uno de los deportes más populares en un país que durante décadas lo vio con indiferencia y que ahora tiene en la MLS y en la selección nacional dos productos con millones de seguidores apasionados.




