Estados Unidos llega a octavos con una generación de jugadores forjados en las mejores ligas de Europa
La selección de Mauricio Pochettino tiene en Christian Pulisic su figura más reconocible y determinante, un jugador de talla mundial que con el AC Milan demostró que puede competir al máximo nivel en la Serie A y que en este Mundial ya lleva goles decisivos que lo consolidan como el capitán que el equipo necesitaba. Junto a él, Weston McKennie desde la Juventus, Giovanni Reyna desde el Borussia Mönchengladbach y Yunus Musah desde el Chelsea conforman un mediocampo de calidad europea que habría sido impensable para Estados Unidos hace apenas una década. La generación de jugadores estadounidenses criados en el fútbol europeo cambió por completo el perfil de la selección.
Lo que hace especial a este equipo más allá de los nombres individuales es la mezcla perfecta entre la potencia física que ha caracterizado históricamente al fútbol americano y la técnica y experiencia que aportan los jugadores formados en Europa. Matt Turner bajo los palos, Sergino Dest por derecha y un bloque compacto que sabe tanto defender como presionar alto son los pilares que Pochettino ha construido con paciencia desde que asumió el cargo. Jugar en casa ante su propia afición los convierte en uno de los equipos más peligrosos del torneo cuando están en su mejor versión, y el partido ante Bélgica en octavos será la prueba definitiva de hasta dónde puede llegar esta generación dorada del fútbol estadounidense.




