Estados Unidos formalizó este viernes su salida oficial de la Organización Mundial de la Salud (OMS), marcando un giro significativo en su política exterior y en su relación con los organismos multilaterales de salud.
La decisión fue confirmada por la administración estadounidense, que argumentó desacuerdos estructurales y financieros con el funcionamiento de la OMS, así como críticas a la gestión de crisis sanitarias internacionales. Con esta medida, el país suspende su participación, cooperación técnica y aportes económicos a la organización.
Estados Unidos había sido históricamente uno de los principales financiadores de la OMS, por lo que su retiro genera preocupación en la comunidad internacional, especialmente en programas de salud global relacionados con la prevención de pandemias, vacunación, control de enfermedades infecciosas y asistencia a países en desarrollo.
Desde la OMS, voceros lamentaron la decisión y reiteraron la importancia de la cooperación internacional en salud pública, subrayando que los desafíos sanitarios no reconocen fronteras y requieren respuestas coordinadas entre los Estados.
Diversos líderes políticos y expertos en salud pública advirtieron que la salida de Estados Unidos podría debilitar la capacidad de respuesta global ante futuras emergencias sanitarias, además de afectar investigaciones conjuntas y sistemas de alerta temprana.
La medida ha generado reacciones divididas dentro y fuera de Estados Unidos. Mientras sectores afines al gobierno celebran la decisión como un acto de soberanía y control del gasto, otros la califican como un retroceso en la gobernanza sanitaria global.



