Entre música y recuerdos: Dary Hortua mantiene vivo el legado de su padre

Su historia no comenzó bajo los reflectores, sino entre el aroma del campo y la sencillez de una infancia rodeada de amor familiar.

Hay voces que nacen del talento, pero hay otras que nacen de una promesa silenciosa al viento. Dary Hortua, la nueva revelación de la música popular colombiana, pertenece a estas últimas. Con apenas 23 años, la joven oriunda de Cali —pero de corazón arraigado en la paz de Fenicia, al norte del Valle— está logrando lo que pocos consiguen en una industria tan competitiva: detener el tiempo cada vez que pisa una tarima.

Su historia no comenzó bajo los reflectores, sino entre el aroma del campo y la sencillez de una infancia rodeada de amor familiar. De hecho, la música no fue su primera opción de vida; la comunicación social en la Universidad Javeriana de Cali marcaba su camino académico. Sin embargo, el destino tenía otros planes.

Carrera imparable

El año 2018 marcó un antes y un después en su existencia. Mientras terminaba su grado 11, la partida de su padre, el ícono de la música popular Jorge Luis Hortua, dejó un vacío que solo pudo llenarse con canciones.

Ese impulso la llevó a buscar refugio en una figura materna para el género: Arelys Henao. «La Reina» no dudó en cobijarla, invitándola a Medellín para iniciar su formación técnica. Así, lo que empezó como una respuesta al dolor, se convirtió en una carrera imparable.

Dary no es una artista convencional. Detrás de su imponente presencia escénica hay una mujer polifacética: habla coreano, es una apasionada de los deportes extremos como el jiu-jitsu y el pole dance, y encuentra su equilibrio en el dibujo y la lectura. Esa disciplina que aplica en sus pasatiempos es la misma que imprimió en su primer disco, Claro que te extraño, lanzado en plena pandemia.

Artista integral

Ese sencillo se convirtió en su carta de presentación y en un puente emocional con su padre. Para Dary, Jorge Luis no era «el famoso»; era el hombre que les dio estudio y que cantaba en casa sin que ella dimensionara su grandeza. Hoy, lo siente como su guía eterno desde el cielo.

El ascenso de Dary Hortua ha estado bendecido por colaboraciones de alto calibre. Su tema «Se pierde o se gana» junto a Arelys Henao fue, en sus palabras, un «regalo de graduación». A esto se suma su trabajo con El Charrito Negro en «Así es la vida» y la expectativa por un nuevo sencillo que se cocina junto al «Rey del Chupe», Jhon Alex Castaño.

En su reciente visita a Pasto, la artista no ocultó su emoción al pisar tierras nariñenses, una región que siempre abrazó con especial fervor la música de su padre. «Siento un cariño inmenso por Nariño», afirmó, reconociendo en el público del sur ese mismo calor humano que la vio crecer en el campo vallecaucano.

Con ocho sencillos en su haber y una canción inédita próxima a estrenarse, Dary Hortua se consolida como una artista integral. Su propuesta no solo rescata el sentimiento de la música popular, sino que le imprime la frescura de una joven que sabe quién es y hacia dónde va.

Es una mujer espiritual, «temerosa de Dios» y apasionada, que ha demostrado que la música, cuando se escribe con el corazón y se canta con el alma, es la mejor manera de mantener vivos a quienes ya no están.

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