ENTRE EL ABANDONO ESTATAL Y EL DESPERTAR POLÍTICO (1)

Por: Narciso Obando López, Pbro.

Hablar de Nariño y especialmente de Pasto, es hablar de una región que históricamente ha vivido en contravía del pensamiento dominante del resto de Colombia. Desde la época colonial hasta la actualidad, el pueblo nariñense ha construido una identidad propia, marcada por la resistencia, el orgullo regional y una profunda desconfianza hacia el poder central. Sin embargo, esa misma identidad que durante siglos ha permitido defender la cultura y la autonomía regional, también ha llevado en muchas ocasiones a tomar decisiones políticas basadas más en sentimientos ideológicos que en resultados concretos para el bienestar del departamento.

Muchos habitantes de Nariño consideran que el departamento ha sido castigado históricamente por su posición política durante la independencia. Lo cierto es que el sur del país ha sufrido durante décadas un evidente retraso en infraestructura, conectividad, inversión estatal y oportunidades económicas. Mientras otras regiones del país reciben grandes proyectos de desarrollo, Nariño continúa enfrentando aislamiento vial, pobreza, desempleo y problemas derivados de su condición fronteriza con Ecuador.

Esa actitud de ir en contravía del resto del país también se ha reflejado en las elecciones presidenciales de los últimos años, ya que en Nariño los resultados han sido considerablemente distintos, demostrando nuevamente que el pensamiento político del departamento sigue separado de la tendencia nacional.

Caso contrario sucedió durante las elecciones presidenciales 2022-2026, donde Nariño se convirtió en uno de los bastiones electorales más importantes para el actual presidente. Muchos ciudadanos depositaron su esperanza en un cambio histórico que trajera mayor inversión social, mejores oportunidades y soluciones reales para la región. Sin embargo, con el paso del tiempo, se percibe que esas expectativas no se cumplieron. La crisis de seguridad en varias zonas del departamento, los problemas fronterizos, las dificultades económicas y la ausencia de obras estratégicas han aumentado la sensación de frustración y abandono.

Hoy más que nunca, el pueblo nariñense enfrenta un momento decisivo. Las próximas elecciones no deberían convertirse simplemente en una batalla entre izquierda y derecha, sino en una oportunidad para reflexionar qué candidato posee verdaderas propuestas realizables para transformar la región. Votar con conciencia significa dejar de lado fanatismos y entender que ningún discurso ideológico vale más que el bienestar de miles de ciudadanos que durante años han esperado progreso, inversión y dignidad.

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