En la lengua quechua, se denomina Taita, aquellos hombres mayores a quienes se les debe respeto, como padres, abuelos o autoridades propias de su comunidad. Ellos ejercen poder político y administrativo, protegen sus territorios, reparten lotes para las actividades agrícolas y ganaderas, cuidan de los pobres, vigilan sus linderos y organizan el trabajo comunitario.
Del total de la población de Nariño, según el censo de 2018, estimada en 1.800.000 habitantes, la población indígena llega a 206.455 habitantes.
Sus condiciones de vida son precarias. Veamos: Mientras a nivel nacional la cobertura de energía eléctrica es del 96.3%, ellos solo tienen un 66%.
En acueductos, mientras el 86.4% de la población disponen de este servicio, los indígenas sólo tienen el 41.4%. A nivel nacional el 76.6% tienen servicio de alcantarillado, los indígenas apenas el 2%.
A nivel nacional el 66.8% tiene cobertura de gas, ellos solo el 15.3%. El 81.6% del total nacional tienen sistemas de recolección de basuras, los indígenas apenas el 25.5%. A nivel nacional el 43.4% de la población tenemos servicio de internet. La población indígena apenas el 6.4%
Según el censo de 2018, mientras el 18.85% de la población tiene acceso a la educación superior, los indígenas apenas llegan al 6.7%.
Cuando uno revisa estos indicadores, entiende sus permanentes luchas, por conseguir mejores condiciones de vida, trabajo e ingresos.
Eso lo percibí, en las intervenciones que hicieron los Taitas reunidos en las instalaciones de la Normal nacional, cuando expresaron su inconformidad a la ministra de vivienda, por la falta de cumplimiento de compromisos adquiridos por gobiernos anteriores, relacionados con la construcción de viviendas nuevas y mejoramientos de las existentes. En términos respetuosos, pero a la vez enérgicos, dijeron: O nos cumplen o pronto nos verán en Bogotá y si es de caso cerrando vías, como único mecanismo para lograr el cumplimiento de nuestras aspiraciones.
Recordaron al gobierno que ellos se la jugaron por el cambio. Razón por la cual, esperan que los vientos del sur soplen a su favor.
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