La historia de Angie Vanessa García, una joven de 28 años oriunda del Huila, revela los peligros mortales que se esconden tras las fachadas digitales. Tras entablar una relación virtual durante tres meses con un hombre identificado como José Antonio Barba Riaño a través de Facebook, la mujer viajó desde Neiva hacia Bogotá en diciembre de 2022 con la ilusión de iniciar un noviazgo formal. El sujeto construyó una imagen de estabilidad profesional y familiar para captar su confianza, asegurando que residía en el barrio Las Cruces. Por consiguiente, Angie llegó a la terminal de transporte sin sospechar que el hombre que describía videollamadas románticas la sometería a un encierro violento menos de 24 horas después de su encuentro presencial.
Asimismo, el agresor implementó un esquema de control absoluto y aislamiento forzado apenas la víctima ingresó a la vivienda. Barba Riaño destruyó la tarjeta SIM del teléfono de la joven, formateó el dispositivo y eliminó sus cuentas de correo electrónico para impedir cualquier contacto con el mundo exterior. De igual manera, el sujeto impuso rutinas domésticas estrictas bajo amenaza de agresiones físicas brutales si la comida no estaba lista a la hora exacta. Por esta razón, la estancia de Angie se transformó rápidamente en un secuestro donde los golpes diarios en el rostro y la cabeza le causaron deformaciones severas, obligándola a alimentarse únicamente de líquidos debido a la gravedad de las heridas en su boca y ojos.

Engaño en Redes Sociales: La Pesadilla de Angie Vanessa en Bogotá
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Tortura Psicológica y el Escape hacia la Libertad
La violencia escaló a niveles de sadismo cuando el victimario castigó a la joven con puños contados por cada minuto de retraso al despertarlo. Según el crudo testimonio de la víctima, el hombre la obligó a arrodillarse para propinarle golpizas sistemáticas que requerían cirugías de reconstrucción facial posteriores. Por otro lado, la oportunidad de salvación surgió el 6 de enero de 2023, cuando el agresor olvidó las llaves de la casa al salir a montar bicicleta en un descuido inusual. Por tanto, Angie Vanessa aprovechó este instante para huir de la vivienda y buscar auxilio desesperadamente en un Centro de Atención Inmediata (CAI) de la Policía cercano, donde los uniformados la trasladaron de urgencia a un hospital.
En el ecosistema digital, este caso ha generado una fuerte movilización en grupos de defensa de los derechos de la mujer y prevención de violencia de género. Internet registra que el barrio Las Cruces se encuentra bajo vigilancia debido a otros reportes de inseguridad, pero la modalidad de captación mediante perfiles falsos o «catfishing» preocupa especialmente a las autoridades. Además, investigaciones en redes sociales destacan que Barba Riaño logró judicialización inicial por tentativa de feminicidio; sin embargo, el proceso legal enfrenta críticas severas ya que el acusado recuperó la libertad por vencimiento de términos. Por consiguiente, colectivos feministas en X y Facebook denuncian la impunidad del sistema judicial mientras el sujeto enfrenta un nuevo juicio por el delito de tortura en libertad.
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Justicia Pendiente y Prevención de Riesgos Digitales
Finalmente, el testimonio de Angie Vanessa sirve como una alerta contundente para las personas que buscan pareja en plataformas digitales sin verificar la identidad real de sus contactos. La joven insiste en que nadie debe viajar a ciudades desconocidas para conocer a extraños sin informar a familiares o mantener protocolos de seguridad en lugares públicos. Mientras la Fiscalía General de la Nación avanza en el proceso por tortura, la víctima vive con el temor constante de que su agresor continúe libre. Por tanto, la visibilización de esta tragedia busca presionar por una condena efectiva que garantice la seguridad de otras mujeres y cierre un ciclo de violencia que casi le arrebata la vida.




