Enero comenzó en Bogotá con un panorama climático que confirma la identidad meteorológica de la capital: temperaturas frescas, cielos variables y una alta probabilidad de lluvias intermitentes. Lejos de los extremos que se viven en otras regiones del país, la ciudad enfrenta el primer mes del año bajo un ambiente templado, marcado por la nubosidad y precipitaciones que, aunque no siempre intensas, sí son persistentes y condicionan la rutina diaria de sus habitantes.
Durante las primeras semanas del mes, las mañanas han registrado temperaturas bajas, especialmente en las zonas más altas de la ciudad, donde el termómetro suele descender por debajo de los 10 grados centígrados. Este frío matinal contrasta con las horas del mediodía, cuando el sol logra abrirse paso entre las nubes y eleva la sensación térmica hasta niveles moderados. Sin embargo, la aparente calma suele ser breve: hacia la tarde, el cielo vuelve a cerrarse y las lluvias hacen su aparición, un patrón que se repite con frecuencia en esta época del año.
La probabilidad de precipitaciones ha sido una constante en el arranque de enero. Se trata, en su mayoría, de lluvias ligeras a moderadas, aunque en algunos sectores se han presentado aguaceros más intensos acompañados de ráfagas de viento. Estas condiciones han obligado a los bogotanos a retomar hábitos ya conocidos, como salir con paraguas, impermeables y calzado adecuado, especialmente quienes dependen del transporte público o se movilizan a pie por la ciudad.
El impacto del clima no se limita únicamente a la vida cotidiana. Sectores como la movilidad y el comercio también sienten los efectos de las lluvias. En horas pico, las vías principales registran mayor congestión debido a la reducción de la velocidad de circulación y a incidentes asociados a pavimento mojado. Al mismo tiempo, vendedores informales y comerciantes en zonas abiertas reportan variaciones en sus ventas, dependiendo de la intensidad de las precipitaciones y de la afluencia de peatones.
Desde el punto de vista ambiental, este inicio de año lluvioso representa un alivio parcial para los ecosistemas que rodean la capital. Los cerros orientales, humedales y zonas verdes se benefician de la humedad, que contribuye a la recuperación de la vegetación y a la regulación de las fuentes hídricas. No obstante, las autoridades ambientales mantienen la alerta ante posibles deslizamientos en sectores vulnerables, especialmente en áreas donde la ocupación del suelo y la deforestación han aumentado el riesgo.
Enero suele ser un mes de transición en el calendario climático de Bogotá, y este año no ha sido la excepción. La combinación de nubosidad, lluvias frecuentes y temperaturas moderadas refuerza la percepción de una ciudad donde el clima cambia en cuestión de horas. Para residentes y visitantes, el mensaje es claro: adaptarse a la variabilidad del tiempo es parte esencial de la experiencia bogotana.
Con el paso de los días, se espera que estas condiciones se mantengan, consolidando un inicio de año marcado por el abrigo ligero, el cielo gris y la lluvia ocasional. Un escenario que, aunque puede resultar incómodo para algunos, forma parte del ritmo natural de una ciudad que convive históricamente con el clima frío y húmedo de la sabana andina.

