En plena representación del viacrucis, un perrito callejero que andaba por ahí no entendió que era teatro.Cuando vio al actor cargando la cruz, rodeado de guardias que lo empujaban, se les fue encima ladrando y jalándoles la ropa como queriendo pararlos. No había forma de explicarle que todo era una actuación.Y cuando el actor cayó al suelo por la escena, el perro se le acercó, se acomodó junto a él y no se movió. Solo estaba ahí, haciéndole compañía.La gente que lo vio no supo si reírse o emocionarse. Probablemente las dos cosas.Pero lo que quedó claro es que mientras todos miraban sabiendo que era una obra, él fue el único que reaccionó de verdad. Sin entender nada, sin que nadie se lo pidiera, simplemente porque vio a alguien que necesitaba compañía.




