En un momento en el que varias instituciones de educación superior enfrentan una disminución sostenida en el número de estudiantes, la Universidad de América conmemora sus 70 años de historia asegurando haber consolidado una fórmula institucional para revertir la caída en matrícula y recuperar el crecimiento.
Según la institución, el proceso de transformación se dio a partir de un diagnóstico claro: el desafío no estaba en la calidad académica ni en la identidad universitaria, sino en la agilidad de los procesos, la experiencia del estudiante y la capacidad de adaptación frente a un entorno educativo cada vez más competitivo.
“El crecimiento que hoy vemos no es casual. Es el resultado de decisiones institucionales orientadas a modernizar procesos, fortalecer la experiencia del estudiante y ampliar nuestra relación con el sector productivo”, afirma Mario Posada García‑Peña, rector de la Universidad de América.
Durante los últimos años, la institución enfrentó una disminución en el número de estudiantes, una tendencia que ha afectado a múltiples universidades en Colombia y en América Latina. A partir de ese escenario, la Universidad de América implementó cambios estructurales orientados a mejorar la captación y permanencia estudiantil.
Entre las decisiones adoptadas se destacan:
• La creación de tres momentos de ingreso al inicio de cada semestre, ampliando las oportunidades de admisión.
• La optimización integral del proceso de admisiones.
• Mayor flexibilidad académica y administrativa.
• Reducción de tiempos de respuesta institucional.
• Una articulación más estrecha entre las áreas académicas, de mercadeo y admisiones.
Estas medidas permitieron revertir la tendencia decreciente y retomar el crecimiento institucional. Para 2026, la universidad proyecta alcanzar 1.800 estudiantes nuevos, con expectativas de expansión progresiva en los próximos años.
El cambio, sin embargo, no se limita a la matrícula. La Universidad de América también ha impulsado una transformación en su modelo institucional, avanzando hacia una mayor integración con el sector productivo.
En este proceso se han fortalecido líneas como la educación continua y la formación corporativa, con programas diseñados en alianza con organizaciones del sector privado y una meta de ingresos superior a 3.000 millones de pesos para 2026.
La universidad también ha impulsado proyectos de investigación aplicada, consultorías y licitaciones, incluyendo iniciativas financiadas por MinCiencias y consultorías técnico‑científicas que ya superan los 1.000 millones de pesos.
Uno de los desarrollos más relevantes en esta estrategia es el CEPIIS, un centro de entrenamiento en seguridad de procesos que busca consolidarse como un referente técnico para la industria. El proyecto ha recibido patrocinios empresariales superiores a los 400 millones de pesos para su puesta en marcha.
“Hoy las universidades deben dialogar más activamente con la industria y con el Estado. La generación de conocimiento tiene sentido cuando logra impactar la sociedad y contribuir al desarrollo del país”, añade Posada García‑Peña.
La transformación institucional también ha incluido cambios en la experiencia del estudiante. Entre ellos se encuentra la actualización del Reglamento Estudiantil, orientada a simplificar trámites, eliminar rigideces administrativas y facilitar el acompañamiento académico.
El cambio cultural que resume esta etapa se expresa en una idea que hoy orienta el funcionamiento interno de la universidad: pasar del “¿por qué no?” al “¿cómo sí?”.
En paralelo, la institución ha desarrollado un recorrido formativo que acompaña al estudiante desde su ingreso hasta su etapa como graduado, con iniciativas como la Travesía América de Formación Global, rutas de emprendimiento, investigación formativa y una apuesta por la formación cultural integral.
Para la Universidad de América, la conmemoración de sus siete décadas no representa únicamente un aniversario institucional, sino un punto de inflexión en su desarrollo. La universidad resume esta nueva etapa en tres conceptos: aprender, transformar y trascender.
A siete décadas de su fundación, la institución proyecta su futuro con una convicción clara: las universidades que perduran no son únicamente las que conservan su tradición, sino aquellas capaces de evolucionar para responder a los desafíos del país y de las nuevas generaciones.




