Por: Nicolás Escobar Bejarano.
Ir al cine en tiempos modernos, es una actividad bastante recreativa, pues implica, entre otras cosas, caminar por todo el centro comercial y realizar cualquier tipo de actividades que en últimas, generen una desconcentración del objetivo inicialmente planteado.
Y, aunque este panorama hoy nos parezca muy cotidiano, tiempo atrás, acudir al cine era una actividad de tinte académico -por extraño que se lea-, puesto que, una vez vista la película, el debate se trasladaba a los cine foros, donde se tejían grandes charlas en variables calibres y volúmenes, abarcando tardes e incluso días enteros, entre tertulias sobre valores, apreciaciones, argumentos y aspectos técnicos, estéticos, sociales, etcétera.
Hoy, haciendo remembranza de esos debates, desde un espacio solitario que espera llegar a otros espacios y hacer eco, invito a habla de una película bastante interesante, incluso podría ser la primera película colombiana de cine mudo. Se trata de “María (1922)”, dirigida por Alfredo del Diestro y Máximo Calvo, de la cual no existe copia alguna (excepto un fragmento de 25 segundos, en los que se puede apreciar a un hombre junto con su burro cruzando un puente).
«Tiempo atrás, acudir al cine era una actividad de tinte académico -por extraño que se lea-, puesto que, una vez vista la película, el debate se trasladaba a los cine foros, donde se tejían grandes charlas en variables calibres y volúmenes”.
María es también, el primer caso de pleitos judiciales por acciones de una sociedad, pues, en 1922 los señores Antonio Posada J, Alfredo del Diestro, Mario Fernández, Máximo Calvo Olmedo y Federico López, crearon la sociedad Carvajal & Cía, la cual tenía por objeto producir la película, sin embargo, olvidaron comprar los derechos de la obra a los familiares de Jorge Isaacs (recordemos que ya había fallecido para aquel entonces). ¡Garrafal error! Aún entonces, pues desencadenó un juicio, donde salieron victoriosos los familiares del poeta y se condenó a la citada sociedad a pagar la suma de cien pesos -irrisorio si se dice en estas fechas, pero, para la época, correspondía al presupuesto total recaudado en las taquillas de los cines de Colombia y Ecuador (donde se estrenó la película)-.
Aunque no hay una causa cierta sobre el por qué no se encuentra la película, la versión con mayor peso en el mundo cinematográfico, es que los socios decidieron quemar los ejemplares de la película tras su amarga derrota; mas, Alfredo del Diestro decidió guardar un ejemplar y, cuando este falleció y se dio apertura a la sucesión, la familia encontró un cofre con un olor nauseabundo, que al revisarlo minuciosamente develó el único ejemplar que existe de la película (del cual solo se pudieron recuperar los 25 segundos mencionados al inicio de este texto). El olor – quizá como metáfora de la causa de la pérdida-, se debía a que en aquella época las películas eran grabadas sobre cinta vegetal, lo que empeora con el mal manejo de componentes externos como la temperatura y la humedad, lo que descompuso por completo la cinta.
Como paradoja, en 1985, el cineasta caleño Luis Ospina obsesionado con esta historia digna de trasladarse, decidió realizar un documental titulado “En busca de María”, en el cual logró una reconstrucción escénica del film y descubrió que los actores de la película (es decir, los primeros actores de cine mudo colombiano), eran personas del común que pasaban por el lugar de grabación espontáneamente, sin remuneración alguna.
El documental fue muy exitoso, obteniendo premios como: Medalla al Mérito de las Comunicaciones “Manuel Murillo Toro” Premio Focine (1986); Círculo Precolombino al Mejor Documental, III Festival de Cine de Bogotá (1986); India Catalina al mejor documental, Festival Internacional de Cartagena (1986); Premio al Mejor Documental, Bienal de Cine de Bogotá (1986); Danzante de Bronce, Certamen Internacional del Film Corto “Ciudad de Huesca” (España, 1986).

