Por Ricaurte Losada Valderrama
Me propongo decir algo diferente a lo que diariamente se comenta en relación con la elección presidencial. Es la necesidad de elegir un mandatario(a) eficiente que haga respetar los derechos y cumplir los deberes. Si se diera esta vital condición se tendría la base fundamental para un buen gobierno, pues el hecho haría que hubiese un Estado eficiente.
Para conseguirlo basta aplicar y hacer realidad viviente el artículo 209 de la Constitución, el cual establece que la función administrativa está al servicio de los intereses generales y que se desarrolla con fundamento en los principios de igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad, mediante la descentralización, la delegación y la desconcentración de funciones.
También, el artículo 211 de la misma Carta estipula que la ley fijará las condiciones para que las autoridades administrativas puedan delegar sus funciones en sus subalternos o en otras autoridades.
Pues bien, si hipotéticamente solo se aplicaran bien estas dos disposiciones, habría buen Gobierno, pues el primer requisito para cumplir este propósito es que él esté al servicio del interés general, fin esencial del Estado, que de manera también general no se cumple, al no tener presente ante todo el bien común.
Agréguese que, con la vigencia real de los principios de la función administrativa, habría un Gobierno eficiente que volvería al Estado también eficiente, pues, aunque el presidente de la República representa únicamente una de las Ramas del poder, por tener nosotros un presidencialismo exagerado y aun respetando la separación de funciones, existe hacia él una clara dependencia del Congreso y de la justicia, que también son ineficientes.
Súmese a esto, que frente a la polarización, propia de la política, pero no en los extremos actuales, en razón a una crisis de liderazgo acentuada, que ha hecho que el presidente no haya buscado la unidad nacional, sino la división y la confrontación y que no haya tenido una contraparte suficientemente preparada para ejercer el contrapeso necesario, entre otras razones porque los partidos políticos se acostumbraron, como secuela aún vigente del Frente Nacional a gobernar con el ganador, sin importar su ideología y diferencias con él.
Entonces, el mejor conductor(a) sería la persona que más concite a la unidad nacional, porque entre más acción común haya, mayor será la eficiencia del gobernante y, por ende, del Estado.
Pero también habría un gobernante eficiente si fuera capaz de mover al país en torno de la solución de los graves problemas de fondo, de los cuales no hemos escuchado hablar a uno solo de los candidatos(as), como el referido a una verdadera descentralización del país que posibilite más seguridad, desarrollo y paz; como la que debiera ser la inaplazable reforma de fondo a la justicia que en muchas esferas está corrompida; como la reforma política para que no haya financiación privada en las campañas y estatal en mínimas cuantías, pues es grave para la democracia que sean las sumas astronómicas de dinero las que eligen; para que se reforme la circunscripción nacional para Senado, que también corrompió aún más la política y que ha dejado sin representación en esa corporación a muchos departamentos, solo por citar algunos de los más angustiantes problemas nacionales no vigentes en el debate político.
@ricaurtelosada


