Autora: Daicy Echeverri
El dilema electoral de las oficinas no comienza con el nombre de un candidato, sino cuando un trabajador se pregunta si su contrato será renovado. La política entra al mundo laboral de esa manera, convertida en estabilidad, ingresos, seguridad social y oportunidades, o como todo lo contrario.
Antes de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo de 2026, Buk consultó a 344 trabajadores dependientes e independientes para conocer sus expectativas y perspectivas frente al cambio de gobierno. Los resultados presentan una radiografía de las preocupaciones principales que acompañaron la campaña y nos ayudan a entender por qué el empleo ocupó un lugar central en los datos.
En un contexto en el que las búsquedas relacionadas con trabajo concentraron el 44 % del interés público registrado por Google Trends alrededor de las elecciones, el informe permite conocer por qué estas son las percepciones laborales de las elecciones presidenciales en Colombia.
La preocupación que domina la conversación electoral
El 42 % de los participantes señaló la estabilidad y la formalización como la prioridad más urgente del mercado laboral. La protección social en salud y pensiones ocupó el segundo lugar, con el 27 %; el empleo juvenil y el acceso al primer trabajo alcanzaron el 18 %, mientras que los costos laborales representaron el 11 %.
Estas inquietudes contrastan con una economía que muestra avances en algunos indicadores, pero conserva problemas de fondo que deben resolverse si se quiere avanzar hacía un crecimiento sostenido en el tiempo.
En mayo de 2026, la tasa nacional de desempleo fue del 8 %, un punto porcentual menos que en el mismo mes de 2025. Sin embargo, durante el trimestre de marzo a mayo, el 54,7 % de la población ocupada trabajaba en condiciones de informalidad. En los centros poblados y las zonas rurales dispersas, la proporción ascendía al 82,9 %.
Las cifras explican una aparente contradicción, en donde el nivel de desocupación puede disminuir sin que desaparezca la inseguridad laboral. Conseguir un trabajo no siempre significa acceder a un contrato estable, prestaciones sociales o ingresos capaces de sostener un proyecto de vida tanto personal como familiar.
En el informe, esta preocupación tuvo mayor peso entre la generación Z y los millennials, el 45 % de ambos grupos identificó la formalización como el principal reto. La inquietud fue menor entre los integrantes de la generación X, aunque continuó siendo significativa, con el 32 %.
El empleo que pone a prueba a los colombianos
Cuando se preguntó qué ocurriría con la búsqueda laboral durante los siguientes doce meses, el 53 % respondió que la situación permanecería igual y el 24 % anticipó que sería más difícil. Apenas una proporción similar a una cuarta parte esperaba que conseguir trabajo fuera más sencillo, lo que vemos en general un panorama de negativismo y conformidad.
La cautela es mayor entre los jóvenes. Para el 39 % de los participantes de la generación Z, el empleo juvenil y el primer trabajo constituyen la prioridad laboral más importante. La cifra coincide con un mercado en el que la tasa de desempleo de las personas entre 15 y 28 años llegó al 15,3 % durante el trimestre de marzo a mayo de 2026, casi el doble del indicador nacional registrado.
Detrás del porcentaje aparece una escena conocida con ofertas que exigen experiencia para cargos iniciales, procesos de selección prolongados y personas que alternan entre ocupaciones temporales, trabajos independientes y periodos de inactividad constantes. Aumentando el índice de frustración entre la población.
Para las empresas, el dato plantea una oportunidad. Los programas privados y con beneficios públicos de primer empleo, aprendizaje y formación interna no solo facilitan la entrada de nuevos talentos; también permiten preparar perfiles ajustados a las necesidades reales de cada organización.
¿Qué esperan los trabajadores de su salario?
La prudencia también aparece al hablar de ingresos. El 72 % de los encuestados se inclina hacía unos salarios sin cambios durante el primer año del nuevo gobierno. El 18 % anticipaba un incremento y el 10 % consideraba posible una reducción.
Por otro lado, entre las mujeres, el 77 % esperaba estabilidad y solo el 13 % proyectaba aumentos; entre los hombres, el optimismo salarial alcanzaba el 25 %, una diferencia significativa en cuestión de motivación.
Esta diferencia sugiere que la experiencia laboral no se interpreta de la misma manera en todos los grupos. La edad, el género, el tipo de contrato y el sector económico modifican la percepción sobre las oportunidades futuras.
Para una empresa, comunicar la compensación con claridad, explicar los criterios de aumento, ofrecer beneficios acordes con las distintas etapas de vida e incluso los programas de ascenso corporativo, si aplica, es tan relevante como publicar una vacante. Cuando el entorno laboral genera incertidumbre, la transparencia se convierte en una forma de aumentar la confianza.
Sobre todo, en un mercado cada vez más inestable, en donde uno de los principales problemas de los empresarios es la contratación de personal idóneo y la conservación del mismo. Los cambios constantes de colaboradores, representan el inicio de un nuevo proceso de contratación laboral y por ende, un alto costo para una compañía.
¿Cómo cambia el ambiente laboral en tiempos de elecciones?
Se reveló en el estudio de Buk un asunto que muchas compañías prefieren evadir: las conversaciones políticas entre compañeros. El 41 % afirmó hablar abiertamente sobre el tema en el trabajo y el 26% dijo hacerlo únicamente con personas cercanas. Por otro lado, el 21 % consideró que debía evitarse, mientras que el 13 % señaló que se alejaba de estas pláticas para prevenir tensiones laborales.
El reto para las organizaciones no consiste en vigilar opiniones ni convertir la empresa en una tribuna de debate electoral, y mucho menos en incentivar el favoritismo frente a algún candidato o partido. Sino en establecer reglas de respeto, impedir la discriminación y ofrecer información objetiva cuando una decisión pública afecta contratos, nómina, beneficios o formas de trabajo.
De hecho, el 72 % de las personas consultadas respaldó que las empresas promovieran espacios de voto informado o compartieran análisis de expertos independientes sobre los efectos económicos de las propuestas en el país.
El punto más crítico
Uno de los resultados más sensibles está relacionado con la migración. El 69 % de los participantes manifestó haber considerado salir de Colombia por falta de oportunidades, de los cuales, el 28 % aún no había tomado una decisión, el 23% lo había pensado, pero no contaba con los recursos, y el 18 % ya estaba planeándolo.
Aunque la encuesta constituye una muestra de 344 trabajadores, los datos funcionan como una señal de alerta para empleadores y responsables de talento humano. Cuando una persona considera marcharse, la organización pierde experiencia, relaciones comerciales y conocimiento acumulado.
Por eso, la retención no debería limitarse a incentivos ocasionales. Requiere oportunidades de crecimiento, liderazgos confiables, procesos transparentes y condiciones laborales adaptadas a las necesidades y motivaciones de cada generación.
Más allá del resultado electoral, la encuesta deja una señal clara para empresarios y emprendedores, los trabajadores no esperan únicamente nuevas leyes o cambios en la regulación del país. También evalúan la estabilidad y la capacidad de sus compañías para responder en tiempos de incertidumbre.
Esas condiciones influyen directamente en la decisión de permanecer o buscar otro rumbo laboral. En las oficinas, la renovación de los contratos sigue sobre la mesa. Su desenlace dependerá en parte del nuevo ciclo político, pero también de una empresa capaz de escuchar y actuar eficientemente antes de que la preocupación se convierta en renuncia.




