Por Ricaurte Losada Valderrama
Viviendo el aplastante cáncer de la corrupción debiera ser inaplazable el voto obligatorio, pues la corrupción tiene un origen fundamentalmente político y el voto obligatorio puede contribuir a minarla, si además de establecerlo, al incumplir la obligación se sanciona, como por ejemplo, estableciendo que quien no sufrague no podrá desempeñar cargos públicos, ni contratar con el Estado, con lo cual se le dan efectos reales que tienen incidencia sobre la vida de los ciudadanos, de la democracia y de la educación y la cultura política.
En Colombia no ha habido acuerdo sobre la pertinencia, viabilidad y utilidad del voto obligatorio, tema que se trata generalmente después de conocidos los resultados electorales, debido a la abstención y problema que se combate con el voto obligatorio.
Por ende, este tiene efectos sobre la legitimidad y credibilidad de las elecciones en particular y de la democracia representativa en general. Incrementa la participación electoral y, por lo tanto, se mejora la democracia.
Colombia es el único país de Latinoamérica donde el voto no ha sido obligatorio, a pesar de la regularidad histórica de las elecciones.
Sin embargo, la evidencia empírica en América Latina no es contundente y si lo fuera, la medida no parece haber tenido mayor injerencia en la estabilidad institucional y en la profundización democrática de muchos de los países donde el voto no es opcional.
Prueba de ello son países como Bolivia, Perú, Venezuela y Ecuador. El carácter democrático de la participación electoral no está determinado, por lo menos sustancialmente, por el número de sufragantes, sino por las reglas que definen quienes eligen y quienes pueden ser elegidos y por las características del sufragio en términos de su universalidad y de que refleje realmente la voluntad popular.
El voto obligatorio disminuye la abstención, aumenta la legitimidad del Estado y la gobernabilidad, incrementa la participación y necesariamente fortalece la democracia. Y es democrático porque reconoce que la responsabilidad de decidir radica en todo el conjunto de ciudadanos, no en unos pocos, a quienes debe interesarles que no se haga realidad para seguir decidiendo por todos.
Además, es conveniente para la democracia el voto anti-sistema, antipartidos y anti-política que se dan con el voto obligatorio y, con él las minorías se favorecen porque adquieren expresión real y no dejan que unos pocos sigan decidiendo por todos. Aquí radica una de sus principales ventajas.
Pero aún si el voto obligatorio contribuye a aumentar la participación electoral, no es claro que estos incrementos puedan ser considerados manifestaciones reales y legítimas de una mejor participación.
Se debe preguntar si en el caso colombiano, donde los actores armados han ejercido durante muchos años presiones contra candidatos y electores, es conveniente el voto obligatorio, pues es posible que él pueda convertirse en un antídoto eficaz contra la intromisión armada y las prácticas corruptas, por ejemplo, la compra de votos. O si, al contrario, puede estimularlas ante la precariedad institucional para controlarlas.
En consecuencia, el voto obligatorio tiene que estar precedido, o al menos acompañado de otras medidas que garanticen que las elecciones van a ser libres, transparentes y universales y no coarta la libertad del ciudadano, en tanto que solo lo obliga a participar en la elección, pero no influye sobre su voto ni sobre la manera de hacerlo.
@ricaurtelosada




