Cuando la Asamblea anunció el resultado: elección unánime de Omar Bastidas a la Contraloría Departamental de Nariño, esta vez para un segundo periodo. No hubo sorpresas, pero sí una emoción silenciosa: la certeza de que regresaba alguien que ya conoce el camino, las grietas, los riesgos y que sabe con la serenidad de quien ha aprendido a golpes qué errores no se pueden repetir.
Bastidas carga sobre sus hombros una experiencia poco común. Abogado especialista en Derecho Administrativo, con formación en control fiscal y gestión pública, ha pasado más de dos décadas recorriendo la arquitectura del Estado: empresario, concejal, diputado, dirigente deportivo, contralor. Su hoja de vida está tejida con la paciencia del funcionario que aprende a leer la burocracia como un lenguaje humano, lleno de fallas, de urgencias, de ciudadanos reales.
Quizá por eso, cuando habla del presupuesto insuficiente, del personal que no crece, de las 138 entidades y 180 agregados que debe vigilar, no lo hace desde la queja técnica sino desde una responsabilidad que se le nota en la voz. Sabe que volver significa más que ocupar un cargo: significa asumir la tarea de cuidar el dinero público como quien protege un bien sagrado.
En su propuesta, resalta las dificultades del control fiscal en los departamentos, explicó que hoy las contralorías territoriales solo pueden actuar cuando ya es tarde para evitar daños en los recursos públicos. Mientras tanto, la Contraloría General sí puede intervenir a tiempo, prevenir irregularidades y hasta detenerlas, lo que ha generado un desequilibrio injusto entre entidades que deberían tener la misma fuerza y la misma misión.
Por eso, el contralor Omar anunció que llevará al Consejo Nacional de Contralores una propuesta de reforma constitucional para corregir este problema: que todas las contralorías tengan iguales facultades, que haya un solo sistema de control fiscal verdaderamente coordinado y que las territoriales se conviertan también en entidades preventivas y oportunas; simultáneamente abrir la puerta a la inteligencia artificial y, sobre todo, poner al ciudadano en el centro, como el primer y más valioso auditor.
Hoy, Omar Bastidas no solo regresa: se reivindica. Con la experiencia del pasado, la confianza de un voto unánime y la convicción de que, en Nariño, cuidar lo público exige más que técnica: exige corazón.




