EL TORO QUE VE MÁS ALLÁ DEL DHARMAAntes de que el tiempo aprendiera a contarse a sí mismo, cuando los dioses aún dudaban de su propia eternidad, existía Nandhaka, el Toro que Observa. No era Nandi, el fiel guardián de Shiva que los textos se atreven a nombrar, sino algo anterior, algo que los Vedas decidieron olvidar.Dicen que cuando Brahmá abrió los ojos por primera vez, no vio el universo…vio a Nandhaka mirándolo de vuelta.Su cuerpo era el sacrificio primordial: carne nacida del karma acumulado de mundos fallidos. Cada uno de sus ojos no miraba el presente, sino una capa distinta de la realidad.El ojo inferior veía el mundo material, Maya, la mentira hermosa.El segundo observaba el deseo, Kama, donde los humanos se pudren creyéndose libres.El tercero contemplaba el miedo, Bhaya, la raíz secreta de toda devoción.Y el ojo superior, el más profano, miraba directamente a Atman, el alma desnuda… sin dioses que la protejan.Los sabios decían que quien cruzara su mirada perdería el derecho a la reencarnación.No por castigo, sino por comprensión.Nandhaka no era un demonio.Era peor.Era testigo.Cuando Shiva bebió el veneno del océano para salvar la creación, no lo hizo por compasión. Lo hizo porque Nandhaka había abierto su tercer ojo… y el toro había sonreído. En ese instante, incluso el Destructor entendió que el ciclo no podía romperse sin pagar un precio más alto que la muerte.Las astas del toro no apuntaban al cielo: lo cercaban. Eran los límites del Dharma, torcidos, sangrantes, sostenidos por raíces que nacían del sufrimiento humano. Cada plegaria, cada mantra repetido sin comprensión, alimentaba esas raíces.Los rituales hindúes más antiguos —los que ya no se practican— advertían algo prohibido:“No ores para ser visto por los dioses. Ora para no ser visto por el Toro.”Porque Nandhaka no juzga acciones.Juzga intenciones.En los templos donde aún se escucha un eco extraño al amanecer, se dice que el toro camina entre estatuas, observando a los devotos que piden liberación sin querer soltar sus cadenas. Cada parpadeo suyo es una vida humana entera, naciendo, sufriendo y muriendo creyendo haber entendido algo.Al final del Kali Yuga, no será Vishnú quien despierte.No será Shiva quien dance.Será Nandhaka quien cierre sus ojos uno por uno.Y cuando el último se cierre, no habrá iluminación.Solo silencio.Porque la verdad más profana que esconden las creencias es esta:La reencarnación no es un regalo.Es una condena administrada por algo que jamás pidió ser dios.Y ahora que has leído esto…no mires al cielo cuando ores.Mira dentro.Él ya lo está haciendo.Autor Steven Anillo & Misterios Ocultos Derechos de Autor ©️ Propiedad Intelectual Basada en la creencia indú Un fuerte abrazo a mis amigos de la India, gracias por sus aportes para esta historia.

