Por: Nicolás Escobar Bejarano
Y una noche cualquiera, pides la ultima cerveza, y escuchas en la distancia la vieja guitarra de Nito Mestre y unos acordes lejanos se te meten en la piel y recuerdas que una vez, escuchaste a alguien decir que el tiempo se detiene.
Y empiezas a pensar que el tiempo no existe, que el tiempo es apenas, un invento de los seres humanos, pues nada esta por encima de esas inmóviles definiciones de la RAE, que los sabios que escribieron los diccionarios aún viven en el olimpo.
Sacas un papelito arrugado del bolsillo derecho y escribes: “El tiempo se detiene”, y piensas en relojes, libros, historia, canciones; y pides otra cerveza.
Y piensas que el tiempo va y viene, pues puede presentarse de una misma manera una y otra vez, y recuerdas a José Arcadio Segundo decir que el tiempo se detuvo cuando en la estación del tren, los muertos eran 3.000; o en las muertes Laura Avellaneda en la tregua y de Rocamadou en rayuela, entiendes que el tiempo es mas que invención humana.
Y bebes otro sorbo de cerveza, y cuando miras el teléfono, son las 03:40 AM, levantas la mirada y observan lentamente en la mesa de al lado un viejo de barba larga y recuerdas, que en la Rusia de 1698, el emperador Pedro I creo un impuesto sobre las barbas, o que la resistencia Rusa se dejaban la barba para demostrar su amor por su país y rebelarse contra el zar.
y me debato sobre las preguntas que me llevaron a los caminos recorridos, y tarareo una canción de moda; en ese instante, el barman me toca el hombro y me dice:
Lo siento, pero tenemos que cerrar.
Miro un reloj de pared y compruebo que soy la ultima persona en ese sitio, y pienso:
Mierda, ¡como paso el tiempo!




