DAVID TRUJILLO

El sur habla

Por: David Fajardo

El recrudecimiento de la violencia en municipios como Samaniego y Los Andes , sumado a acontecimientos como la incomunicación vial, los constantes cierres hacia el Pacífico, son hechos que han sometido a Nariño a una de las crisis sociales, económicas y de seguridad más grave de los últimos 10 años en el departamento.

Hoy el llamado es el de un pueblo que ha sufrido los horrores del conflicto, las apatías de los diferentes gobiernos nacionales provengan de dónde provengan y el aislamiento eterno al que se ha sometido, en dónde la población, no aguanta más, últimamente la guerra y las balas han retornado a las montañas pintadas del verde de todos los colores, los campesinos, indígenas y pescadores terminan o encerrados en sus casas o saliendo en búsqueda de algo mejor.

El llamado es por ello primero a los violentos, a tantos actores de un conflicto que ha abandonado una esencia política para convertirse en una masacre por el dominio territorial y económico de las rutas del narcotráfico, hoy ya los ideales están muy disueltos e imperceptibles y mejor, vemos por su parte una historia cruda, ignorada casi sistemáticamente desde los trópicos del Chocó, pasando por la cordillera y hacia la Amazonía.

El segundo llamado es al Presidente, a crear una necesaria política de seguridad, una eficiente que vaya más allá de las calles y el balcón y una que no se remita al conflicto de hace 20 años, ya no peleamos con guerrillas, peleamos contra disidentes y un Clan del Golfo, contra gente que de paz poco y nada, que han matado soldados, podres, niños y mujeres; hoy si Nariño quiere llegar a la Paz Total señor presidente, hoy si Colombia espera llegar a ello, necesita garrote, porque la zanahoria, se la comieron hace tiempo, y nos han dejado en medio de un fuego cruzado, cómo víctimas de un eterno ir y venir de balas y granadas. ¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo aquel maldito producto derivado de la hoja de coca seguirá desangrando al país, y hoy más que nunca al suroccidente

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? La esquina violenta de Colombia que no parece importar, aquella dónde los cafetales, la papa y la leche se han visto vacunados, el cultivador cada vez más ahogado por injusticias e inclemencias que desde la burocracia parecen no ser escuchadas, el llamado también, por tanto, a la ayuda internacional a la coacción y articulación en medio de la crisis que la pandemia ha dejado, es de vital apoyo para Latinoamérica.

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Así pues, solo queda esperar, o que esta guerra siga y recrudezca, que los muertos se cuenten a diario, o que se tomen acciones necesarias y que la nación, está en todo su derecho de exigir, o es que nos toca en este país del sagrado corazón apelar al artículo 12 de la constitución, que al hablar de cohibir la desaparición forzada, el trato tortuoso, inhumano y degradante, abre un panorama para cuestionarnos ¿Quién carajos vive en Colombia para tener que esclarecer algo tan aparentemente  intrínseco y obvio en una civilización?

Necesitamos vivir en paz, vivir bien, pero sobre todo soluciones, que gobierno se ponga la 10 y actúe, que, en medio de la complicada agenda del país, se intente evitar una vaticinada guerra en el sur, que hoy habla y clama por un poco de paz.