El sepelio de las letras

Mauricio Muñoz

Hace algunos días mi sobrina me solicito un favor, revisar el escrito con el que ella iba a participar en un concurso de cuentos a nivel nacional. Antes de revisar el cuento miré preciso conocer las bases de dicho concurso y me percaté que había dos términos perentorios, una fecha y una cantidad máxima de cuentos. Frente a la fecha teníamos el tiempo justo para presentar el cuento. Revisé el mismo y me pareció que era un escrito muy bien logrado, además que giraba en torno al cuidado del medio ambiente, situación que nos atañe a todos.

Se hizo el envío del cuento y quedamos en espera de la confirmación de la recepción del cuento, mensaje que efectivamente llegó el día de finalización de la convocatoria. Al revisar el correo observé que el número de radicado del escrito era el 350 y el cupo máximo era de 500 cuentos, esto me llevó a una conclusión, a pesar que este era un evento nacional para las instituciones educativas y aún así, no se había logrado tener más de 400 cuentos sobre el tema.

Si vemos más allá esta situación nos deja una sola conclusión, a la mayoría de niños y niñas de este tiempo no les interesa escribir, no encuentran placer en esta acción, es más, miran como un peso tomar un lapicero y dejar volar su imaginación en medio de las hojas de sus cuadernos.

Si bien es cierto la pandemia no ha ayudado mucho en las labores educativas pues ha sido un proceso de aprender sobre la marcha en todos los aspectos de la vida diaria, la reflexión queda para el sector de la enseñanza. Es necesario incentivar desde las primeras edades la lectura y la escritura, o de lo contrario, tarde o temprano, asistiremos al sepelio de las letras, pues no habrá interés en plasmar en medio de los renglones de las hojas los sentimientos, historias, aprendizajes y anécdotas que nos hacen humanos.

Por: Mauricio Fernando Muñoz Mazuera.

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