Por: Alexis Jiménez
Tras el anuncio del presidente Trump de que nuevos vientos de prosperidad soplarán en su país, millares de venezolanos emprendieron el retorno a su tierra.
La noticia de la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, sorprendió a muchos venezolanos residentes en Colombia, muchos de ellos en tránsito hacia Suramérica. No daban crédito a las noticias.
Lo comentaban una y otra vez y de tanto repetir la versión, comenzó a adquirir las características de un relato de Gabriel García Márquez, con todo y los ingredientes del realismo mágico.
—Venezuela volverá a sus viejos tiempos—decían unos.
—Gracias a Trump… –replicaba una doña que se rebusca vendiendo dulces en los buses del transporte masivo en Cali.
—No sea bruta, Caridad. Los norteamericanos van por el petróleo y de ese pastel grande, no nos quedarán sino las migajas.
Silencio. Tanto que se podía percibir un suspiro, por pequeño que fuera, con una estridencia ensordecedora.
Y fueron llegando a Sameco, en el norte de Cali. Uno, o dos o familias enteras.
Venían de Siloé, de algún barrio del Distrito de Aguablanca, de las inmediaciones de la terminal de transportes donde arman sus cambuches. De todas partes.
Un enjambre humano, con acento costeño propio de algunos caraqueños o de quienes habitan los Estados de Zulia y Falcon.
Para algunos es como estar en un cruce de caminos. Una disyuntiva. En alguna de las ciudades de Colombia y, particularmente en Cali, donde han establecido sus reales, es decir, emprendieron una nueva vida.
Se agencian ingresos vendiendo chucherías, ayudando en el servicio doméstico y los hombres—al menos una buena cantidad—en la construcción. Son muy buenos, particularmente en la obra blanca. Son pulidos.
Unos oran a Dios, agradecidos por que sacaron a Maduro de su patria. Otros, por el contrario, más sosegados, saben que el asunto puede complicarse.
Los acompañé, hasta las 10:40 pm, hora en que tomaron la autopista hacia Yumbo.
Mientras los veía partir sentí esa extraña sensación que amalgama la nostalgia, el dolor y la tristeza. “Quien se preña de ilusiones, termina pariendo desengaños”, me enseñó alguna vez el filósofo de Vijes.
@CrónicasdeMacondo




