Cada año, miles de águilas cuaresmeras cruzan los cielos de Antioquia en su viaje de regreso a Norteamérica, dejando una estampa majestuosa en el firmamento. Sin embargo, lo que debería ser un motivo de admiración se ha convertido en un peligro para estas aves, pues en algunas regiones de Colombia son víctimas de la caza y supersticiones dañinas.
Un viaje épico a través del continente
Las águilas cuaresmeras, pertenecientes a las especies Buteo platypterus y Buteo swainson, realizan una de las migraciones más impresionantes del reino animal. Cada octubre, cuando el frío azota los bosques de Estados Unidos y Canadá, estas aves recorren más de 13.000 kilómetros hacia Sudamérica, usando las corrientes de aire para optimizar su energía.
En marzo, comienzan su retorno al norte, atravesando Colombia y convirtiendo departamentos como Antioquia, Tolima, Risaralda y Chocó en paradas clave para su descanso.
Caza indiscriminada y supersticiones: una amenaza constante
A pesar de su importancia ecológica, cada año se registran matanzas de águilas en distintas regiones del país. En el Tolima, por ejemplo, se han documentado casos donde cazadores las encandilan con linternas mientras descansan y las asesinan como parte de crueles competencias. En 2022, se reportó una de las matanzas más grandes, con más de 300 aves sacrificadas sin motivo alguno
Además, persisten supersticiones absurdas que ponen en riesgo su supervivencia. Se cree erróneamente que su carne tiene propiedades afrodisíacas o que su grasa tiene beneficios medicinales, mientras que sus patas son usadas en rituales para “evitar tormentas”.
Más que un símbolo, una especie clave para el ecosistema
Las águilas cuaresmeras cumplen un papel esencial en el control biológico de insectos, reptiles y roedores, ayudando a mantener el equilibrio en los ecosistemas. Autoridades ambientales advierten que el consumo de estas aves puede transmitir enfermedades graves, reforzando la importancia de su conservación.
La invitación a la ciudadanía es clara: disfrutar de este espectáculo natural sin dañarlo. Observar el paso de las águilas cuaresmeras debería ser un recordatorio de la riqueza natural que tenemos y de la responsabilidad que implica protegerla.

