Expertos en seguridad nacional advierten que la captura de Nicolás Maduro este 3 de enero de 2026 desmantela el refugio seguro que diversas estructuras criminales mantuvieron en el país vecino por décadas. Los analistas señalan que grupos como el ELN y las disidencias de las FARC pierden la protección política y operativa que les brindaba el régimen chavista, lo que precipita un repliegue masivo hacia territorio colombiano. Por esta razón, la inteligencia militar estima que más de 6.000 hombres armados y 186 cabecillas de alto nivel iniciaron un éxodo desde Venezuela para evitar ser alcanzados por la ofensiva estadounidense o por un posible nuevo gobierno venezolano. Asimismo, la caída del control estatal en Caracas genera un vacío de poder que estos grupos intentarán compensar fortaleciendo su presencia en departamentos fronterizos.
Riesgo de Confrontaciones y Disputas Territoriales
El retorno de figuras emblemáticas del conflicto, como alias “Pablito” o los remanentes de la Segunda Marquetalia, eleva el riesgo de una guerra civil interna entre facciones que compiten por el control del narcotráfico. Los expertos consideran que zonas como Arauca, Norte de Santander y el Catatumbo enfrentarán una escalada de violencia inmediata debido a la reconfiguración de las rutas de extracción de estupefacientes. Debido a esto, las autoridades temen que el ELN absorba pequeñas bandas criminales locales para consolidar un frente de resistencia ante el avance estatal. En este sentido, la movilización de cabecillas desde el Arco Minero del Orinoco hacia Colombia busca asegurar las finanzas criminales que antes gestionaban con la anuencia del gobierno de Maduro.
El Reacomodo Criminal tras la Captura de Nicolás Maduro
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Despliegue Militar de 30.000 Soldados en la Frontera
Ante el inminente peligro de infiltraciones y ataques, el Ministerio de Defensa anunció este domingo el despliegue de 30.000 uniformados a lo largo de los 2.219 kilómetros de frontera compartida. El plan de seguridad fronteriza incluye operaciones terrestres, aéreas y fluviales para sellar los pasos ilegales y proteger a la población civil de posibles represalias armadas. Por tal motivo, el Gobierno Nacional activó cinco Puestos de Mando Unificado (PMU) en departamentos clave como Vichada, Arauca y Cesar para monitorear cada movimiento de las estructuras ilegales. Por consiguiente, la orden presidencial de «cero tolerancia» busca neutralizar a los cabecillas de alias ‘Mordisco’ y el ELN antes de que logren establecer nuevas bases de operaciones en suelo colombiano.
La Amenaza Transnacional del Tren de Aragua
Al investigar la información que se centra en internet sobre el crimen organizado, se constata que la banda transnacional Tren de Aragua podría aprovechar el caos institucional para expandir su red de extorsión y tráfico humano. Aunque esta organización no posee una estructura militar guerrillera, su capacidad de adaptación le permite penetrar economías locales de manera silenciosa pero violenta. Además, la conversación digital destaca que la pérdida de su «refugios seguro» en la cárcel de Tocorón y otros centros venezolanos obligaría a sus líderes a trasladar sus centros de mando a ciudades colombianas como Bogotá y Cúcuta. Por otro lado, la inteligencia policial advierte que el Tren de Aragua podría aliarse temporalmente con grupos insurgentes para disputar el control de los corredores de migración irregular.

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Futuro de la Seguridad Regional y Cooperación Internacional
La estabilidad de la región depende ahora de la capacidad de Colombia para contener el desbordamiento de la crisis venezolana hacia su propio territorio. De igual modo, el Ministerio de Defensa mantiene la ofensiva nacional contra el narcotráfico, reportando la incautación de más de mil toneladas de estupefacientes en el último año como base para esta nueva fase de seguridad. Por tal razón, la cooperación con agencias internacionales de inteligencia resulta vital para localizar a los objetivos de alto valor que hoy huyen de la justicia venezolana. Así las cosas, el panorama para 2026 exige un esfuerzo coordinado entre la fuerza pública y los organismos humanitarios para gestionar tanto la amenaza armada como la posible oleada de refugiados que huyen de la incertidumbre política.

