Se dice que libertad es el poder de elegir emplear, emplearse o emprender; es poder soñar y trabajar por ese sueño. La libertad significa independencia, tener posibilidades y poder conectarse con gente brillante y vibrante para generar juntos progreso.
La Constitución de Colombia reza que toda persona es libre. Nadie puede ser molestado en su persona o familia y la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos estipula que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado.
La libertad es también el poder que tenemos de elegir a nuestros gobernantes. Esos a los que por un tiempo estipulado claramente en la Constitución les entregamos nuestro destino o esa porción de libertad, para que, cuando se vayan, nos dejen mejor de lo que nos encontraron.
Por eso debemos estar muy seguros de a quién se la vamos a entregar o depositar para que nos la administre: no sea que pretendan quedarse debido a que tienen un plan de gobierno que necesita más tiempo, que deben reformar la Constitución o que cuatro años no son nada ni les alcanza.
Faltan 32 días para que Colombia escoja a su nuevo mandatario, y desde ahora ese necesario que cada uno de nosotros tengamos en cuenta las propuestas de cada uno de los aspirantes al Solio de Bolívar, sobre todo me preocupa el analfabetismo a la hora de votar, porque, les confieso, me inquieta mucho lo que se ha vuelto una peligrosa costumbre: recibir 50 mil pesos o un tamal para que le demos nuestro voto muchas veces a ese mismo político que nos carcome.
Punto importante es que la población joven de Colombia, que espera asuma su protagonismo en este proceso electoral, deje a un lado la apatía y asumo con responsabilidad de ejercer el derecho al voto, independiente de sus inclinaciones políticas.
Por otra parte, el país ya está cansado de la polarización política que vivimos, ya es hora de terminar con esta absurda posición que lo único que ha hecho es que en Colombia, y Dios no lo quiera, se vuelvan a los tenebrosos episodios de épocas históricas en donde el modo de pensar políticamente era sinónimo de violencia y muerte.
Por: Manuel Antonio Rosero Trejo

