El pez cabeza de serpiente: una amenaza para los ecosistemas acuáticos de Estados Unidos

Una especie invasora ha encendido las alarmas entre las autoridades ambientales de Estados Unidos. Se trata del Channa argus, conocido como pez cabeza de serpiente del norte, originario de Asia, cuya rápida expansión pone en riesgo la estabilidad de los ecosistemas acuáticos. Su agresividad y capacidad de adaptación han llevado a múltiples organismos a implementar protocolos de erradicación.

¿Cómo llegó a Estados Unidos?

El primer avistamiento registrado ocurrió en 2002 en Crofton, Maryland, donde ejemplares juveniles indicaban una reproducción activa en el medio silvestre. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, la especie pudo haber ingresado al país por el comercio de peces ornamentales o para consumo humano, antes de que su posesión fuera prohibida.

Características y comportamiento

El pez cabeza de serpiente tiene una cabeza achatada que lo distingue de otras especies nativas y puede superar los 80 centímetros de longitud. Es un depredador altamente agresivo que se alimenta de peces, anfibios, cangrejos e insectos, desplazando a las especies locales. Su capacidad reproductiva es impresionante: cada hembra puede poner entre 10.000 y 50.000 huevos al año, y los adultos defienden ferozmente a sus crías.

Una de sus características más preocupantes es su capacidad para sobrevivir fuera del agua. Posee una cámara suprabraquial que le permite almacenar oxígeno, facilitando migraciones terrestres cortas en busca de nuevos hábitats. Además, segrega un moco que reduce la fricción, lo que le permite desplazarse por tierra durante varias horas.

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Las medidas de control

Dada su capacidad para expandirse rápidamente y su impacto negativo en la biodiversidad, varios estados han implementado medidas estrictas para su erradicación. En lugares como Georgia, se recomienda a los ciudadanos que, si capturan un ejemplar, lo maten de inmediato y congelen su cuerpo para evitar su reproducción.

El pez cabeza de serpiente representa un desafío ambiental de gran magnitud. Su capacidad de adaptación y voracidad han llevado a expertos a alertar sobre la dificultad de frenar su expansión, lo que podría afectar la pesca y la biodiversidad en los próximos años.