El petróleo se dispara y el gas europeo alcanza su nivel más alto desde 2023

Los mercados internacionales de energía volvieron a reaccionar con fuerza ante el aumento de las tensiones en Oriente Medio. El precio del petróleo subió con fuerza mientras el gas natural europeo alcanzó su mayor cotización desde comienzos de 2023, en medio del temor a nuevas interrupciones en el suministro energético procedente del Golfo Pérsico.

La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán incrementó la preocupación de los operadores por el futuro de las exportaciones de petróleo y gas natural licuado (GNL). El riesgo de que el conflicto se prolongue ha llevado a los mercados a incorporar una mayor prima de riesgo en los precios de la energía.

El petróleo supera nuevamente los 90 dólares

El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) para entrega en octubre avanzó un 5,2 %, hasta situarse en 90,22 dólares por barril. De esta manera, volvió a superar la barrera de los 90 dólares por primera vez desde finales de julio.

El Brent, referencia internacional del mercado petrolero, también registró una fuerte subida y llegó a negociarse alrededor de los 94,6 dólares por barril, después de avanzar más de un 4 % durante la jornada.

La evolución refleja la preocupación de los inversores por una posible interrupción de los flujos energéticos procedentes de Oriente Medio, una región fundamental para el abastecimiento mundial.

El gas europeo toca máximos de más de tres años

El mercado europeo del gas registró un movimiento todavía más significativo.

El contrato de referencia neerlandés TTF llegó a superar los 74 euros por megavatio hora (MWh), alcanzando su nivel más elevado desde enero de 2023. En una de las jornadas recientes, el precio llegó a avanzar alrededor de un 6,2 %, hasta los 74,14 euros por MWh.

El encarecimiento responde principalmente al temor de que las dificultades para transportar gas natural licuado desde el Golfo Pérsico se prolonguen. Europa depende cada vez más del mercado mundial de GNL, por lo que cualquier alteración en las rutas marítimas puede tener un impacto directo sobre sus precios.

El estrecho de Ormuz, en el centro de la preocupación

Uno de los principales focos de atención es el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio mundial de hidrocarburos.

La posibilidad de que el conflicto afecte de manera prolongada al tránsito marítimo por esta zona genera preocupación entre los compradores europeos y asiáticos, que podrían verse obligados a competir por cargamentos alternativos de GNL.

El mercado también está pendiente de la capacidad de países como Qatar para mantener sus exportaciones. Cualquier reducción prolongada de esos suministros podría aumentar todavía más la presión sobre los precios europeos justo antes de la temporada de mayor consumo energético.

Europa llega al invierno con menos margen

La situación es especialmente delicada para Europa porque los niveles de almacenamiento de gas continúan por debajo de los objetivos habituales para esta época del año.

Según datos recogidos por el Financial Times, las reservas europeas se encontraban alrededor del 63 % de su capacidad, por debajo del objetivo comunitario del 80 % previsto para el invierno. Alemania también enfrenta dificultades para alcanzar su propia meta de almacenamiento.

Con la llegada de los meses fríos, una combinación de bajas reservas, precios elevados y problemas de suministro podría incrementar la volatilidad del mercado.

El impacto puede llegar a la inflación

El aumento de los precios energéticos no se limita al mercado de materias primas. Una subida prolongada del petróleo y del gas puede trasladarse a los costos de transporte, electricidad, calefacción y producción industrial.

El repunte ya está generando preocupación entre los inversores por sus posibles efectos sobre la inflación y las tasas de interés. Los mercados de deuda también han reaccionado a la posibilidad de que una energía más cara mantenga las presiones inflacionarias durante más tiempo.

Para los bancos centrales, un nuevo shock energético representa un problema particularmente complejo: mientras una economía más débil podría justificar menores tasas, una inflación impulsada por la energía podría obligarlos a mantener una política monetaria más restrictiva.

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