El Parque Nacional Virunga vivió su momento más oscuro tras una masacre sin precedentes en 2007. Paulin Ngobobo, jefe de guardabosques, enfrentó a rebeldes armados para proteger a los gorilas de montaña, pero lamentablemente no pudo salvarlos a todos. El icónico espalda plateada Senkekwe y varias hembras fueron ejecutados por soldados que buscaban talar el bosque que los animales habitaban para crear fábricas de carbón, dejando a crías huérfanas aferradas a sus madres muertas. “Matar a un gorila es un desastre para nosotros”, afirmó Ngobobo tras ser torturado por defenderlos. Fue un golpe devastador para la biodiversidad mundial.





