Por: Víctor Rivas Martínez.
‘El Paisa’, fue un disidente guerrillero, jefe de la extinta Columna Teófilo Forero, de las Farc-EP, la unidad más violenta y radical de esta organización. Hoy no me voy a referir a él. Hoy voy a referirme a otro paisa, que en lugar de destruir construye y hace hogares felices.
A sus 77 años de edad no se le arruga a nada. Hoy puede estar trabajando en Nariño, mañana en Putumayo, Bogotá, Medellín, Tolima, Panamá o en cualquier lugar de Colombia.
Es un aventurero de piel curtida y en cada uno de sus pliegues están las marcas de tiempos idos. Por sus encallecidas manos han pasado millones de pesos producto de su trabajo y del de sus colaboradores, ya que, como contratista de construcción, siempre ha tenido bajo su dirección decenas y centenares de albañiles y ayudantes.
Sabe planificar, dirigir y evaluar. Sabe mandar y corregir, porque conoce cómo hacer las obras. Cuando corrige lo hace con respeto, pero cuando no lo escuchan se le sale el indio, aunque generalmente se mantiene de buen genio.
Como su trabajo es físico, desayuna, almuerza y cena bien. Como Dios manda. Pero así mismo madruga y dobla el espinazo como cualquier jovencito de 18 años.
Ha construido casas, apartamentos, escuelas, colegios, hospitales, estaciones de policía, represas, muros de contención, estaciones de gas y cuanta obra le contraten, porque su larga trayectoria lo ha convertido en un sabelotodo del oficio.
Quienes lo conocen lo llaman ‘El Paisa’, porque es antioqueño de nacimiento. Su sangre está regada por todos los lugares de Colombia, ya que, como buen antioqueño, en su juventud tenía un amor en cada puerto, al punto que tiene 20 hijos, con quienes mantiene contacto permanente y los cuida y protege. No deja de trabajar, porque el día que deje de hacerlo se muere y hoy con sus cerca de 8 décadas a sus espaldas, aún se siente como de 20 años.
Con esta columna rindo homenaje a este destacado y humilde constructor que, con sus manos, brazos e inteligencia, ha hecho felices a miles de hogares colombianos.

