El Día Internacional del Oso Andino es una fecha clave para reflexionar sobre la situación de esta especie en peligro de extinción, que habita las altas montañas de América del Sur, entre ellas las que rodean la ciudad de Pasto, en el sur de Colombia. En esta fecha tan especial, la red de mujeres Kuichi, comprometidas con la conservación del oso andino, alza la voz para recordar a la comunidad sobre la importancia de proteger a este animal que ha sido parte esencial del ecosistema montañoso de la región durante generaciones.
Fara Gonzales Ortega, una de las principales activistas dentro de la red, comparte el mensaje que impulsa su trabajo:
«Somos parte de la red de mujeres Kuichi para la conservación del oso andino, y hoy queremos recordarles a todos los habitantes de Pasto y sus alrededores que, desde tiempos ancestrales, el oso andino ha transitado nuestras montañas. El valle de Atriz, específicamente, ha sido hogar del oso andino por generaciones. Este es un territorio sagrado, lleno de historia y biodiversidad, que debemos proteger con urgencia.»
Con estas palabras, Gonzales pone en evidencia la relevancia de la conservación de una especie cuya supervivencia está amenazada por la destrucción de su hábitat, el cambio climático y el avance de la frontera agrícola y urbana. La ciudad de Pasto, ubicada en el corazón de una región montañosa rica en biodiversidad, ha sido testigo del paso de los osos andinos por sus alrededores durante siglos. No obstante, esta presencia se ve cada vez más amenazada por la intervención humana. El oso andino, conocido también como el «oso de anteojos» por las marcas blancas que adornan su rostro, es un animal fundamental para el equilibrio ecológico de los ecosistemas andinos. Su conservación es vital para mantener la salud de los bosques nublados y otros hábitats en los que habita.
El trabajo de la red Kuichi no se limita solo a la sensibilización sobre la situación del oso andino, sino que también busca educar a las nuevas generaciones sobre la importancia de la conservación. Para las integrantes de la red, uno de los ejes centrales de su labor es inculcar desde la infancia un respeto profundo por la naturaleza y por las especies que habitan en ella. La preservación del oso andino no solo implica la protección del animal, sino también un llamado a la acción para conservar el entorno natural en el que vive.
«Queremos que las nuevas generaciones crezcan entendiendo que el oso andino no es solo un símbolo de nuestra biodiversidad, sino una especie que necesita de nuestro compromiso para seguir existiendo. Desde pequeños debemos enseñarles a nuestros niños a valorar lo que tienen en su entorno, a comprender la importancia de vivir en armonía con la naturaleza y, sobre todo, a reconocer que el oso andino es una parte fundamental de su legado cultural y ecológico.» Es por esto que la red Kuichi trabaja arduamente en el diseño de programas educativos, talleres y actividades comunitarias que busquen involucrar a la población en la protección de la fauna local. Fara Gonzales y sus compañeras saben que la clave para garantizar la conservación del oso andino en el futuro es lograr que los niños y jóvenes se conviertan en los principales guardianes del ecosistema que habitan.




