Una investigación periodística internacional ha expuesto cómo cerca de 90 toneladas de oro venezolano —valoradas en unos 3.000 millones de dólares — fueron trasladadas desde Curazao a refinerías europeas, incluidas instalaciones suizas vinculadas a gigantes tecnológicos, con destino hasta Silicon Valley en Estados Unidos. Este hallazgo pone en evidencia posibles fallas en las cadenas de suministro internacionales de metales preciosos y lagunas en los sistemas de diligencia debida.
Ruta del oro y esquemas comerciales
Entre 2012 y 2018, centenas de documentos confidenciales —recibos, facturas, correos electrónicos y certificaciones— reconstruyen cómo este oro, extraído en regiones del escudo guayanés, fue clasificado como “oro chatarra” al ser exportado desde Curazao hacia refinerías en Suiza e Italia, pese a no ser material reciclado oficialmente.
Las refinerías suizas, consideradas de las más grandes del mundo, procesaron este oro y lo integraron a la cadena global de suministro utilizado en sectores como la tecnología avanzada. Entre los clientes finales se encuentran corporaciones que operan en Silicon Valley, donde el oro refinado sirve en componentes electrónicos de alto valor.
Incautación, irregularidades y lagunas de control
Un hecho relevante ocurrió en marzo de 2015, cuando un cargamento de lingotes en un bimotor que volaba desde Curazao hacia Zúrich fue retenido por las autoridades estadounidenses en Miami debido a inconsistencias en su documentación, calificándolo oficialmente como material reciclado. Esto despertó interrogantes sobre el verdadero origen del oro y si los procesos de certificación cumplían con estándares internacionales.
Si bien ese lote en particular fue liberado tras el pago de una multa relativamente menor —unos 300.000 dólares—, no hubo cargos penales formales en ese momento, lo que según analistas refleja debilidades en cómo las jurisdicciones supervisan y penalizan este tipo de operaciones.
Impacto ambiental, social y ético
El corredor de exportación expuesto por la investigación no solo cuestiona la trazabilidad del oro venezolano, sino que también arroja luz sobre la situación de las minas ilegales en el sur de Venezuela —especialmente en el estado Bolívar— donde existen denuncias de graves impactos ambientales, violaciones de derechos humanos y presencia de grupos armados. El uso de rutas opacas y la designación de metal como “chatarra” facilita que este tipo de minerales entren sin el debido escrutinio al mercado global.
Refinerías y responsabilidad
Las refinerías europeas involucradas han defendido sus procesos internos, asegurando que los análisis descartan oro minero no declarado. Sin embargo, documentos internos revelan resultados de pruebas conflictivas, lo que indica que un porcentaje significativo del oro procesado provino directamente de fuentes no verificadas.
Este caso pone de manifiesto la complejidad de la gobernanza global del oro y plantea interrogantes sobre la responsabilidad de las instituciones, los mecanismos regulatorios internacionales y la transparencia de las cadenas de suministro que afectan tanto a la economía como a cuestiones éticas y ambientales.




