Por: Carlos Santamaria.
Cuenta la historia que el pintor Vincent Van Gogh se mutiló la oreja izquierda con una hoja de afeitar en 1888, producto de sus cada vez más altas crisis alcohólicas y existenciales, llevando este órgano a un burdel para regalarlo a una prostituta, en lo que se considera el primer “orejicidio” o autoeliminación de una parte esencial del cuerpo.
Naturalmente este hecho no ocurrió de ese modo al ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque correspondió a ese órgano que fue herido en una concentración donde daba un discurso en su campaña presidencial. Lo cierto es que fue un intento de asesinato por parte de un joven quien fue identificado por testigos como un tirador puesto en posición de combate a más de 100 metros del podio donde se encontraba el orador.
Lo anterior ha servido para verificar que el Servicio Secreto es parte de un mito como invencible a través de Hollywood, aunque en realidad no posee la preparación imprescindible en este campo, o lo que es aún más delicado vincularlo a este complot si lo hubo. La renuncia de su directora es demostración palpable de que hubo una falla inmensa en la protección del candidato.
Sin embargo, este intento fallido que pudo ser siniestro, le dio a Trump el impulso a su proyecto ya que en vez de dejarse ocultar levantó su brazo y el público hizo lo mismo, demostrando una vitalidad, valentía, astucia y fortaleza que lo ha catapultado a un nuevo rango con el elector.
Se ha unido a ello la renuncia obligada de Joe Biden debido a su insalud mental evidente, ya predicha en esta columna hace meses atrás, leyendo este miércoles un breve comunicado de despedida exaltando su legado sin mencionar su complicidad en el genocidio de Gaza ni la destrucción económica de Europa.
Lo cierto es que el brazo levantado y su oreja herida se confrontarán con una Harris presentada como la opción ganadora.
Próxima columna: Comfamiliar despierta obligatoriamente a la comunidad.



