En el corazón del departamento de Nariño, el Niño del Cabuyo se mantiene como uno de los símbolos de fe más importantes y tradicionales de la región. Esta devoción, profundamente arraigada en la cultura local, combina historia, espiritualidad y tradición campesina. Origen de una fe milagrosa La historia se remonta a finales del siglo XIX, cuando una niña campesina llamada María Solarte encontró una pequeña figura del Niño Jesús entre plantas de cabuya en la vereda El Cabuyo. Según la tradición oral: La figura parecía un simple muñeco, pero luego se reveló como una imagen sagrada. A través de sueños y hechos considerados milagrosos, el Niño pidió ser venerado. Con el tiempo, comenzaron a atribuirle milagros y favores, fortaleciendo la devoción popular Este relato ha pasado de generación en generación, convirtiéndose en uno de los mitos religiosos más representativos del sur de Colombia. Un lugar de peregrinación Hoy en día, en la vereda El Cabuyo existe un templo dedicado exclusivamente a esta imagen, que es descrita como una pequeña figura adornada con vestimentas especiales y una corona. Cada año: El 20 de enero se celebran sus festividades principales. Llegan peregrinos de distintas regiones de Nariño y del país. Se realizan misas, procesiones y actividades culturales. Más que una tradición, un símbolo de identidad El Niño del Cabuyo no solo es una figura religiosa, sino también: Un símbolo de identidad cultural para Guaitarilla Un punto de encuentro comunitario Un reflejo de la fe campesina que ha resistido el paso del tiempo A pesar de los cambios sociales, esta devoción sigue viva y se fortalece cada año, manteniendo a Guaitarilla como un destino espiritual único en Colombia.
El Niño del Cabuyo: un tesoro espiritual en Guaitarilla
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