El fenómeno de El Niño no solo modifica las temperaturas y las condiciones meteorológicas: también provoca importantes transformaciones en los ecosistemas marinos del océano Pacífico. El calentamiento de las aguas superficiales puede reducir la llegada de nutrientes desde las profundidades y alterar la disponibilidad de alimento para numerosas especies.
Durante un episodio de El Niño, los vientos alisios que normalmente desplazan las aguas superficiales hacia el oeste pierden fuerza. Como consecuencia, grandes masas de agua cálida se desplazan hacia las costas de América y se reduce el afloramiento de aguas profundas, un proceso fundamental para llevar nutrientes hacia la superficie.
Esta transformación tiene un efecto directo sobre el fitoplancton, organismos microscópicos que constituyen una de las bases de la cadena alimentaria marina. Al disminuir los nutrientes disponibles, también pueden reducirse las concentraciones de clorofila, indicador de la presencia de fitoplancton en el océano.
La disminución del fitoplancton repercute posteriormente en los peces pequeños que se alimentan de él y, en consecuencia, en los animales de mayor tamaño que dependen de esas especies. En episodios intensos de El Niño se han registrado disminuciones importantes de poblaciones de peces y periodos de escasez de alimento para pingüinos, iguanas marinas, lobos marinos y focas.
El impacto también puede modificar el comportamiento de especies que necesitan desplazarse hacia nuevas zonas de alimentación. Atunes, tortugas marinas y aves marinas, entre otros animales, pueden cambiar sus áreas habituales cuando las aguas cálidas y pobres en nutrientes avanzan hacia el Pacífico oriental.
Los efectos han sido observados incluso desde el espacio. Los satélites de la NASA permiten detectar variaciones en el color del océano, relacionadas con los cambios en la concentración de clorofila. Durante episodios fuertes como los de 1982-1983 y 1997-1998, estas observaciones permitieron identificar grandes modificaciones en la distribución del fitoplancton y de la vida marina.
El fenómeno también puede producir desplazamientos poco habituales de especies. Frente a las costas de California, por ejemplo, los cambios en los vientos y las corrientes pueden disminuir el afloramiento de aguas frías y favorecer la llegada de especies tropicales, entre ellas mantarrayas, camarones pelágicos y serpientes marinas.
Uno de los casos más dramáticos se ha observado en las costas de Perú y otros sectores del Pacífico sudamericano. Cuando disminuye la disponibilidad de peces, los animales que dependen de ellos pueden enfrentar periodos de hambre. Durante el fuerte episodio de El Niño de 1982-1983, cerca del 25 % de las poblaciones de lobos marinos y leones marinos de Perú murieron por falta de alimento.
Sin embargo, El Niño no tiene los mismos efectos sobre todos los ecosistemas. Mientras la vida marina puede verse perjudicada por la reducción de nutrientes, las lluvias asociadas al fenómeno pueden beneficiar a algunos ecosistemas terrestres de las costas occidentales de América del Sur, incluyendo zonas de las islas Galápagos.
La investigación de estos cambios es fundamental porque permite comprender hasta qué punto el océano y la atmósfera están conectados. El seguimiento mediante satélites, mediciones oceánicas y observaciones de los ecosistemas ayuda a los científicos a identificar cómo las alteraciones de temperatura, viento y circulación del agua pueden transformar toda una red alimentaria marina.
Así, El Niño demuestra que una modificación aparentemente localizada en las condiciones del Pacífico puede desencadenar consecuencias a gran escala. El calentamiento del océano, la disminución de nutrientes y los cambios en las poblaciones de organismos marinos terminan afectando tanto a los ecosistemas como a actividades humanas relacionadas con la pesca y los recursos del mar.


