Pablo Emilio Obando.

El fenómeno de El Niño en el sector educativo de Pasto

«El Niño está llegando”, “el Niño va a ser muy fuerte” son titulares en muchos periódicos de la región. Se habla mucho de cómo los gobiernos están invirtiendo para mitigar posibles desastres en el corto plazo ocasionados por este fenómeno climático. Sin embargo, no se habla de cómo ese “Niño” impacta el desarrollo de nuestros niños; los que son de carne y hueso. Particularmente, de cómo este fenómeno y el del clima, en general, pueden afectar los resultados educativos».

Nuestras autoridades educativas deben implementar medidas especiales ante un fenómeno climático que está afectando la vida ciudadana en todas las esferas. La educación no podía ser la excepción y, por el contrario, es una de las actividades que requiere con urgencia la toma de medidas especiales que contribuya a mitigar los efectos en los niños en edad escolar.

Nuestras instituciones educativas en un alto porcentaje se encuentran cubiertas por laminas de eternit constituyéndose en un verdadero problema y factor de riesgo que puede afectar y en materia grave la salud de niños y adultos mayores que laboran en el sector educativo. Este material retiene el calor en las aulas aumentando la temperatura y generando serios problemas en los estudiantes.

Insolación, deshidratación, sudoracion excesiva y molestias en el sistema circulatorio pueden dar como resultado al estar expuestos a altas temperaturas y hacinamiento en las aulas escolares. En las aulas educativas de Colombia se concentra un promedio de treinta alumnos. Súmele a esto problemas de espacios estrechos, ausencia de una ventilación adecuada y niños con problemas de salud de diferente índole y origen.

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«Cuando aumenta el calor, disminuye el rendimiento escolar. A esa conclusión llegó un estudio de académicos de las universidades de Harvard, UCLA y del estado de Georgia, quienes analizaron los resultados de exámenes de 10 millones de estudiantes de secundaria durante 13 años en Estados Unidos». Los resultados de estos estudios son desalentadores y dejan en claro que «Los expertos calcularon que por cada aumento de 0,55 grados centígrados en la temperatura promedio durante el año, ocurre una caída del 1% en el aprendizaje» .

Nuestros niños y adolescentes se enfrentan en sus aulas escolares a un fenómeno climático de insospechadas consecuencias y «Es absurdo hablar sobre inculcar las habilidades del siglo XXI en clases que asemejan talleres sudorosos del siglo XIX”.

Formulamos un respetuoso llamado a nuestras autoridades educativas que permitan de alguna manera afrontar este fenómeno climático sin que se produzcan daños y afectaciones en la salud física y mental de los actores del sistema educativo. Mañana puede ser demasiado tarde.