El legado de una mujer incansable

Por: Jhorman Montezuma

Enero no solo marca el inicio de un nuevo año, también es una oportunidad para agradecer la vida y reconocer a quienes han sido el pilar de nuestra historia. En este mes quiero dedicar estas palabras a un ser irreemplazable, a una mujer que hace 28 años tomó la decisión más valiente que puede asumir una persona: ser madre.

Ser madre no es una tarea sencilla ni un camino sin obstáculos. Es una responsabilidad que se asume con el corazón y se sostiene con sacrificio. Ella decidió luchar, resistir y salir adelante, incluso cuando las circunstancias no fueron favorables.

Sacó adelante a cuatro hijos, formándolos con valores, honestidad y amor por el trabajo. Nos enseñó a no rendirnos, a mirar la vida con esperanza y a enfrentar las dificultades con dignidad. Nos inculcó las ganas de vivir y de creer en nosotros mismos.

Mi hermano menor es el reflejo de ese amor incansable, de esa entrega que no conoce horarios ni condiciones. Porque una madre nunca deja de ser madre, aun cuando el cansancio pesa y la vida exige más de lo que parece justo.

Ella es una mujer valiente, cuidadora y luchadora. Es el retrato fiel de la mujer colombiana que protege, que sostiene hogares enteros y que nunca abandona su misión. Una mujer que cuida, que orienta y que permanece, incluso en silencio.

Hoy le doy gracias a la vida por seguir contando contigo, por celebrar un cumpleaños más a tu lado, por tus consejos, tu risa y tu presencia constante. Gracias por tus bailes, tus ocurrencias y esa alegría que contagia.

Gracias por ser una guerrera que nunca se detiene, por luchar sin esperar nada a cambio y por amar sin condiciones. Las palabras quedan cortas para expresar el amor y la gratitud que sentimos.

Gracias, María del Pilar Tofiño, por ser hogar, fuerza y ejemplo. Feliz día, madre querida. Siempre te vamos a amar y cuidar.

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