Por: Nilsa Villota
Si hay algo que añoramos los ciudadanos, es la paz: poder disfrutar de nuestro territorio, viajar por nuestro país, ver a nuestros niños y jóvenes ir a sus colegios sin el peligro de no volver. Anhelamos gozar de la seguridad territorial que todos merecemos.
Sin embargo, hoy vivimos en zozobra. Nuestros corazones están acongojados por la inseguridad que enfrentamos a diario.
Hace 20 años no vivíamos esta situación como la vivimos hoy: tomas guerrilleras, cilindros y vehículos bomba, cierres de vías, hostigamientos, secuestros… Además, por estas fechas en el pasado, no se atentaba contra la fuerza pública como se hace ahora. Hoy, nuevamente, hay una estrategia para asesinar a nuestros soldados y policías. Estamos viviendo otra vez un PLAN PISTOLA, con el que se busca amedrentar a los miembros de la fuerza pública para que abandonen los territorios.
De esta forma, los grupos al margen de la ley, que no representan ninguna ideología política, sino que son netamente delincuenciales, pretenden apoderarse de esas zonas.
Como delincuentes, buscan lugares apartados, con pocas vías, sin aeropuertos, sin colegios ni hospitales. Allí someten a las comunidades y se siguen expandiendo como parásitos, viviendo del tráfico de drogas, secuestros y otras actividades criminales que les permiten fortalecerse económicamente.
Esto sucede en todo el país, incluso aquí. Lo digo con claridad: en Nariño también se están fortaleciendo, como si vivieran en UN CALDO DE CULTIVO, con las condiciones óptimas para multiplicarse.
Hoy hacemos un llamado urgente a todas las autoridades: es hora de tomar cartas en el asunto e implementar estrategias certeras que permitan debilitar a estos grupos y recuperar los territorios mediante la acción de la fuerza pública.
A los militares y policías, nuestra profunda gratitud por el admirable trabajo que realizan, arriesgando sus vidas para defender la patria y la legalidad.
Y a las familias que han perdido a sus seres queridos, arrebatados por esta guerra, nuestras oraciones sinceras, para que encuentren en Dios un refugio de fortaleza que les permita seguir adelante.
¡Que Dios sea quien guíe a nuestros gobernantes para mitigar esta guerra social, de la que somos víctimas por el abandono histórico de los gobiernos centralistas!

