El fútbol, como pocas expresiones colectivas, tiene la capacidad de unir a una región en torno a un sentimiento común. Hoy, ese sentimiento en el sur del país, en el departamento de Nariño, es de orgullo, ilusión y esperanza gracias a la extraordinaria campaña del Deportivo Pasto en la Liga BetPlay durante el primer semestre de 2026.
Después de años de irregularidad y de campañas que no lograban consolidar un proyecto competitivo, el conjunto nariñense ha dado un golpe de autoridad al conseguir, con anticipación, su clasificación al grupo de los nueve equipos que disputarán el título. Este logro no es menor: habla de un equipo sólido, disciplinado y, sobre todo, convencido de sus capacidades. La clasificación temprana no solo refleja resultados, sino también un estilo de juego que ha sabido imponerse tanto en casa como en condición de visitante.
El estadio Libertad ha vuelto a ser ese fortín histórico donde el Pasto se hace fuerte, pero quizás lo más destacable es la madurez competitiva que ha mostrado el equipo en plazas difíciles a lo largo del país. Ya no se trata de un equipo que depende exclusivamente de su localía; hoy es un conjunto equilibrado, con argumentos tácticos y futbolísticos para competir en cualquier escenario.
Gran parte de este renacer tiene nombre propio: Jonathan Risueño. El técnico español ha sabido imprimir una identidad clara al equipo, apostando por un fútbol ordenado, dinámico y efectivo. Su trabajo ha sido meticuloso, logrando que cada jugador entienda su rol dentro del sistema y potenciando al máximo las virtudes del plantel. No es casualidad que el Deportivo Pasto muestre regularidad: es el reflejo de un proceso serio, bien estructurado y con una dirección técnica que ha sabido leer cada partido.
Pero todo gran equipo necesita figuras que marquen la diferencia, y en este semestre ese papel lo ha asumido con creces Andrey Estupiñán. El delantero, oriundo del municipio nariñense de El Charco, se ha convertido en el máximo goleador del fútbol colombiano en 2026 con 11 anotaciones hasta el momento. Su rendimiento no solo es sobresaliente en números, sino también en influencia dentro del campo: movilidad, definición y liderazgo ofensivo lo convierten en una pieza fundamental en el engranaje del equipo.
El buen momento de Estupiñán simboliza, además, el talento que emerge desde las regiones, recordándole al país que en territorios históricamente apartados también se forjan grandes futbolistas. Su historia conecta con la afición, que ve en él no solo a un goleador, sino a un representante genuino de la identidad nariñense.
Hoy, el ambiente alrededor del Deportivo Pasto es de optimismo. La hinchada, que nunca ha abandonado a su equipo, vuelve a creer con fuerza en la posibilidad de alcanzar la segunda estrella. Aquella conquista histórica de 2006 permanece viva en la memoria colectiva, pero ya no como un recuerdo lejano, sino como un referente que este grupo parece decidido a emular.
Sin embargo, este es el momento en el que más se necesita el respaldo de todos. El fútbol no se gana únicamente en la cancha; también se construye desde la tribuna, desde el aliento constante y la confianza inquebrantable. La campaña que ha realizado el equipo merece estadios llenos, apoyo permanente y una conexión total entre jugadores y aficionados.
El llamado es claro: seguir acompañando al Deportivo Pasto en este camino. Porque más allá de los resultados, este equipo ha devuelto la ilusión, ha dignificado la camiseta y ha demostrado que, con trabajo, disciplina y compromiso, los sueños pueden volver a estar al alcance. Hoy, más que nunca, Pasto cree. Y cuando un pueblo cree, todo es posible.



