Por: JORGE HERNANDO CARVAJAL PÉREZ
Tal vez en otra vida fui masoquista, como el Marqués de Sade, pues toda la vida me ha tocado sufrir, primero, desde niño con el América y después como periodista político con mis amigos candidatos en largas noches de escrutinios, donde no me explicó como a los pobres y a mí, no nos daba un ataque al corazón.
En la noche del pasado martes, los diablos rojos me torturaron hasta más no poder, como ha ocurrido en el pasado, cuando en Chile, se perdió la Copa Libertadores en el último segundo, para citar solo un ejemplo.
Pensé que había superado esa fase del masoquismo, al que son tan aficionados los hinchas de Millonarios y Deportivo Cali, pero antenoche, el América revivió todo ese sufrimiento, en su partido en el estadio Pascual Guerrero de Cali, el cual necesitaba ganar para seguir avanzando en la Copa Suramericana.
Pero, llegó el minuto 90 y América perdía 1-0. El árbitro dio 6 minutos, de los cuales ya habían transcurrido 4 y medio, cuando de manera paradójica, Dios le tendió una mano a los diablos. Ya esa mano se ha había dado minutos antes, Huracán al ganarle al Corinthias, por lo que América solo necesitaba empatar para clasificar. Entonces, apareció toda la grandeza y la calidad de Juan Fernando Quintero, para que Jean Carlos Pestaña, acabara con el sufrimiento y yo me pudiera ir a dormir tranquilo.
Bueno, pero como el espacio se acabó, prometo el próximo jueves, contarles los sufrimientos con mis amigos políticos en las noches de elecciones donde a las 10 de la noche estaban elegidos, a las 2 de la mañana los habían sacado, en la mañana, volvían a ser triunfadores y en la tarde volvían a chamuscarse. Una tortura digna de la Santa Inquisición, que no era tan santa que digamos.

