EL DRAMA DEL FÚTBOL FEMENINO

EDITORIAL

Vivimos en el país del Sagrado Corazón de Jesús, donde las paradojas y las extravagancias están a la orden del día.

Es así como, mientras que en estos momentos Colombia celebra la Copa América de fútbol femenino, evento internacional que tiene su epicentro en la ciudad de Cali, nuestras autoridades deportivas dijeron que la liga profesional en lo que corresponde a su segundo semestre no se jugará, lo que deja a nuestras futbolistas en el limbo.

De allí la protesta que exteriorizaron las jugadoras de nuestra Selección Colombia antes de afrontar su primer partido de la Copa América ante Paraguay, la cual fue observada por millones de televidentes a través de las pantallas de televisión. Lo cierto es que no resulta explicable cómo, mientras se lleva a cabo la Copa América femenina, en cambio se haya decidido no hacer para esta parte final del año la liga en nuestro país.

 

«Consideramos que bajo ningún punto de vista se puede dejar a la deriva a un alto número de jugadoras que, como las que en estos momentos hacen parte de la Selección Colombia que disputa la Copa América, derrochan calidad y talento y por lo tanto no merecen que se les de ese trato de tercera categoría».  

 

Se trata de una decisión por la cual le han llovido toda serie de críticas a la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, así como a los equipos que se opusieron a la organización del campeonato, en el marco de la asamblea que se llevó a cabo a mediados de la semana que hoy termina.

Naturalmente que el revuelo por esa determinación es mayor, por lo que estamos anotando: estamos haciendo con bombos y platillos la Copa América femenina, pero no vamos a tener liga profesional.

Por ello respaldamos plenamente la actitud de las 11 futbolistas titulares de nuestra Selección Colombia y de las suplentes, quienes, durante el himno nacional, alzaron sus brazos como señal de protesta, no solo por el anuncio en torno a la no realización del campeonato, sino también por los vetos en contra de algunas jugadoras que no fueron convocadas, así como el rechazo a los bajos salarios que reciben.

Luego de esta protesta se conocieron algunos pronunciamientos por parte de la Dimayor, en el sentido de que se buscará hacer el torneo, pero al parecer esto no pasó de ser una “llamarada de lata”, puesto que en las últimas horas no se ha vuelto a conocer nada al respecto.

Lo que se conoció este fin de semana es que ha salido una propuesta para la realización de un torneo en el segundo semestre a nivel departamental, como lo planteó la directora del Idrd de Bogotá, Blanca Durán, donde además por medio de auxilios se les haga un acompañamiento a las jugadoras, pero la verdad sea dicha se trata de una propuesta que no nos convence mucho, puesto que la impresión que tenemos es que será un torneo regional, cuyo impacto naturalmente no será el mismo que un evento de carácter nacional.

Por lo pronto, con esa determinación de la Dimayor los equipos más perjudicados son América y Deportivo Cali, que tienen en el calendario la Copa Libertadores en el mes de octubre y, por lo tanto, llegarán sin ritmo a esta competencia internacional.

De allí el llamado que hoy hacemos a nuestras autoridades del fútbol para que se reconsidere una decisión que a todas luces es dañina para el futuro de nuestro balompié femenino.

Consideramos que bajo ningún punto de vista se puede dejar a la deriva a un alto número de jugadoras, que como las que en estos momentos hacen parte de la Selección Colombia que disputa la Copa América, derrochan calidad y talento y por lo tanto no merecen que se les de ese trato de tercera categoría. No señores, el fútbol femenino en Colombia merece respeto ante las grandes jugadoras que tenemos en nuestro medio.

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