El don de formar arte a través de la chatarra

Harold Ernesto Josa, es alineador y trabaja en su propia serviteca en la avenida Mijitayo. En sus ratos libres se dedica a convertir la chatarra de partes mecánicas en sorprendentes artesanías que van desde un cocodrilo, hasta maquinas retroexcavadoras, insectos, perros y robots. Su habilidad artística la lleva en las venas, fue heredada de su madre y a su vez, se la transmitió a su hijo.  

La primera obra la realizó hace siete años y para ello empleó una llanta de carro, rines y un vidrio con los que elaboró una linda mesa de centro. Fue tanto lo que le gustó su creación que montó un pequeño espacio de trabajo en su serviteca para convertir buges, cauchos, rodamientos axiales y otras partes obsoletas de los vehículos, en 40 obras que no solamente adornan su negocio, sino que también aportan un pequeño granito de arena a la protección del planeta.

Aunque muchos de sus clientes se sienten atraídos por estas obras y desean comprarlas, Harold prefiere mantenerlas para su colección personal, ya que estas artesanías tienen para él un valor incalculable, y su objetivo principal es mostrar al mundo que, de la chatarra, se pueden hacer cosas bellas, útiles y únicas.

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Además, su arte tiene un impacto educativo. En una ocasión, una docente tomó varias fotografías de sus creaciones y las llevó a su colegio para que los alumnos vieran cómo de la chatarra se pueden crear cosas maravillosas.

Este tipo de iniciativas tienen el potencial de inspirar a los jóvenes a valorar el arte y a explorar su propia creatividad, además de fomentar una mayor conciencia ambiental. Por ello, su mayor anhelo es realizar una exposición con todas sus obras, no con fines comerciales, sino para inspirar a otros y mostrar que es posible darles una nueva vida a elementos que otros podrían considerar desechos.