No sabemos cómo terminará el desafiante camino de Nicolás Maduro, actual líder de Venezuela, pero es poco probable que sea de manera tranquila. Tiene demasiados adversarios en el mundo como para dormir en paz en el palacio de Miraflores.
El sábado 17 de agosto, multitudes enormes y vociferantes salieron a las calles en Venezuela y en más de 350 ciudades de diversos países. Esto demuestra que los venezolanos ya no temen al régimen ni a su estrategia de represión. Manifestaciones similares a las promovidas por María Corina Machado serían impensables en lugares como Rusia, China o Cuba. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá, pero está claro que algo sucederá. Es altamente improbable que se publiquen los resultados auténticos de las elecciones, ya que esto expondría el fraude, sobre todo porque la oposición tiene copias de la mayoría de las actas verdaderas, lo que haría difícil ocultar cualquier manipulación.
Algunos creen que la posición de Maduro es fuerte simplemente porque tiene el poder, pero eso no es necesariamente cierto. Un dictador puede estar en el poder y, aun así, tener un margen de maniobra limitado. Por algo Maduro suspendió la red X (antes Twitter) y tuvo conflictos con WhatsApp, lo que refleja su preocupación por mantener el control de la información. Otro factor es que el régimen actual enfrenta dificultades para obtener financiamiento, especialmente de países como China, que ya lidian con deudas difíciles de cobrar. Lula, por su parte, ha utilizado una retórica creativa al describir a Venezuela como un Ā«régimen muy desagradableĀ» que, según él, no es una dictadura, aunque eso no tenga un impacto claro.
Se dice que alrededor del 50 % del gobierno en Venezuela está en manos de cubanos, apoyados por los Ā«colectivosĀ». Sin embargo, ¿qué piensan los militares venezolanos que conforman el otro 50 %? Es probable que exista una división que podría ampliarse en los próximos meses. Lo que es evidente es que los militares venezolanos son conscientes del profundo descontento de la población. No es improbable, entonces, que algunos comiencen a desobedecer órdenes. ¿Tomarán los cubanos o los colectivos el control en esos casos? Es posible, pero incierto.
Hay quienes hablan de la posibilidad de repetir las elecciones. María Corina y sus aliados se oponen, pero si llegara a suceder, no cabe duda de que la oposición ganaría, siempre que las elecciones sean libres y justas. Sin embargo, no hay garantías creíbles de que esto sea posible bajo las condiciones actuales. Por lo tanto, es poco probable que se convoquen nuevas elecciones con las reglas y el esquema de poder vigentes. Sería esencial que los facilitadores internacionales trabajaran para garantizar un proceso verdaderamente democrático, pero eso, por ahora, parece improbable.
No soy de hacer predicciones, pero me atrevo a decir que es posible que dentro de un año, Maduro ya no sea el líder de Venezuela. Aunque no tengo claro cuál de las muchas vías posibles lo llevaría a dejar el cargo.

