El Desfile Magno convirtió las calles de Pasto en un escenario donde el arte popular y la memoria ancestral caminaron juntos.

El Desfile Magno: Pasto convierte el arte, la memoria y el color en un acto colectivo de identidad

Miles de personas se aglomeraron el 6 de enero en las calles de la capital nariñense para acompañar el Desfile Magno del Carnaval de Negros y Blancos, la manifestación cultural más imponente del sur de Colombia, donde el arte popular, la música y la memoria ancestral se unieron para reafirmar una fiesta que es patrimonio, resistencia y orgullo colectivo.


Desde los primeros compases, danzantes de todas las edades se tomaron la senda del carnaval con coreografías llenas de energía y simbolismo. Cada paso fue un relato en movimiento: historias de origen, celebración y pertenencia que dialogaron con los ritmos andinos y las expresiones sonoras contemporáneas, reflejando la riqueza cultural y el espíritu diverso de Nariño.


A su paso, los disfraces individuales captaron la atención del público por su ingenio, detalle y fuerza narrativa. Personajes inspirados en mitos, leyendas, relatos populares y escenas de la cotidianidad desfilaron como fragmentos vivos de la memoria colectiva, confirmando que en Pasto la creatividad no tiene límites y el carnaval es también un espacio de reflexión y expresión social.


Las murgas marcaron el pulso del desfile. Bombos, platillos e instrumentos vientos resonaron a lo largo del recorrido como un solo latido, envolviendo a la ciudad en un ambiente de fiesta permanente. Su música no solo acompañó el desfile, sino que conectó generaciones y territorios, recordando que el folklore es una herencia viva que se transforma sin perder su esencia.


En medio de este escenario, el tradicional juego del carnaval volvió a ser protagonista. Entre espuma, risas y complicidad, propios y visitantes participaron sin distinciones, borrando jerarquías y fronteras. Durante el juego no hubo espectadores, solo participantes, reafirmando el espíritu de igualdad y encuentro que define al Carnaval de Negros y Blancos como una celebración profundamente humana.


La expectativa creció entre el público cuando llegó el momento más anhelado: las carrozas se tomaron la senda del carnaval. Verdaderas obras de arte efímero desfilaron ante la multitud, resultado de meses de trabajo artesanal y de un profundo respeto por el conocimiento ancestral. En sus formas monumentales y colores vibrantes se desplegaron mitos, leyendas y cosmovisiones andinas, así como la riqueza natural del territorio nariñense.


Figuras imponentes representaron al volcán Galeras llamado por nuestros ancestros Urkunina (montaña de fuego) y símbolo de fuerza y protección; al oso de anteojos, emblema de la biodiversidad regional; y a seres míticos que habitan la tradición oral del sur del país. Cada carroza fue un relato visual que celebró la diversidad natural y cultural de Nariño.


El Desfile Magno fue también un homenaje al legado de los maestros del carnaval, quienes, con el paso de los años, comienzan a entregar su saber a las nuevas generaciones. En talleres y colectivos, la experiencia se transmite de mano en mano, asegurando la continuidad de una tradición que se construye con paciencia, creatividad y amor por el arte. En cada joven aprendiz se proyecta el futuro del carnaval.


Asimismo, la jornada exaltó la herencia de la mujer del suroccidente colombiano, visibilizando su papel como creadora, portadora de saberes, líder comunitaria y pilar fundamental de la identidad cultural. Su presencia se reflejó en comparsas, personajes y carrozas que rindieron tributo a su fuerza, su memoria y su contribución histórica al carnaval y a la vida cultural de la región.


El Desfile Magno se despidió con el corazón de la ciudad latiendo al ritmo de la fiesta. Entre el eco persistente de las murgas, el color suspendido en el aire y la alegría compartida, Pasto reafirmó que su carnaval es mucho más que una celebración anual. Es un acto de resistencia cultural, un ritual de identidad y un legado que se renueva cada año. Porque mientras exista comunidad, arte y memoria, el Carnaval de Negros y Blancos seguirá latiendo en el alma de Pasto como un canto permanente a la vida, la diversidad y la esperanza.

Pasto vivió el Desfile Magno como un latido colectivo de arte, memoria y color, donde la creatividad popular, el saber ancestral y la alegría compartida se fundieron para reafirmar la identidad cultural y el orgullo patrimonial del Carnaval de Negros y Blancos.