RICARDO SARASTY

EL DERECHO A LA EMIGRACIÓN

La xenofia de la que hace gala el ahora presidente de los Estados Unidos de Norte América, que no es toda América como pretende que se entienda el mismo presidente, no solo se puede entender como únicamente asunto de economía interna y política internacional, así como se pretende mostrar desde los sectores sociales afines de dentro y fuera de su país. Más que a los ideales del mandatario, a sus intereses y fobias, ese odio al extranjero convertido en visceral ha sido también una estrategia para demostrar que tan fuerte se es como gobernante de una nación a la cual desea de nuevo devolverle el carácter de imperial. Pues se deben de recordar los discursos de campaña en los cuales vendió la idea ultranacionalista de un país en mora de recuperar su puesto como eje del mundo. A la manera de sus antepasados, los Cesares en Roma, Napoleón en Francia, Hitler en Alemania y James K. Polk en los Estados Unidos de Norte América.

¿Por qué se nombra a James K. Polk y no a Monroe, autor de la famosa frase “América para los americanos”? Conocida por resumir la doctrina que les serviría a los gobiernos posteriores de los USA como argumento de su expansionismo e intervencionismo en el resto del continente. Es que si lo que quiso que se entendiera Monroe en el momento de su discurso fue que no podía permitirse otra invasión europea al nuevo continente, esta se tergiversó dándosele un sentido nacionalista cuando en los años finales del siglo XIX con James Polk se permitió entenderla como una declaratoria de apropiación del continente, por lo que mandó tropas a invadir el norte de México, primero y luego a República Dominicana y Panamá. Continuando con esa doctrina, después sería el presidente Rutherford B. Hayes quien declararía a toda Centro América y el Caribe como zona de influencia exclusiva de los Estados Unidos de Norte América, acción con la que se dio inicio a una manera de ver hacia el sur del gran rio Colorado lo que se conocería despectivamente como el patio trasero de la Casa Blanca.

Ya vendrían después, desde los inicios del siglo XX, presidentes como Theodore Roosevelt que considerarían responsabilidad de sus gobiernos el actuar como rectores del orden interno de los países considerados por ellos parte de sus interese económicos. Doctrina mediante la cual desde Washington se decidiría sobre la clase de mandatarios que deben de regentar a los países convertidos por los preidentes de los USA en parte de su patrimonio. Fue así como propició la separación de Panamá de Colombia una vez iniciada la construcción del Canal, que ahora vuelve a reclamar como suyo el presidente Trump. Así se Impusieron tiranos analfabetos con quepis para gobernar en Centro América y las Antillas, convirtiendo el territorio por virtud de esta política expansionista en hacienda de multinacionales agrícolas como la famosa United Fruit Company, conocida en Colombia por la famosa masacre de obreros en la zona bananera del Magdalena, recreada en las novelas “La Casa Grande” de Cepeda Zamudio y “Cien Años de Soledad” de García Márquez. Ya en los años 70 con el pretexto de combatir al comunismo, durante la llamada guerra fría, se instauraron en el cono sur del continente americano, mediante el plan cóndor, las más feroces dictaduras en cabeza de militares formados por ellos en la doctrina de la seguridad nacional impuesta desde la Escuela de las Américas. Después de un siglo y más de avasallamiento y expropiación solo quedó de este lado de América miseria y dolor. Esa miseria que ahora arrastran los emigrantes que enrumban sus pasos hacia el norte, desde donde salió el invasor que los despojo hasta de su dignidad. Saben que tienen una deuda por cobrar. ricardosarasty32@hotmail.com

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