La celebración del onomástico de San Juan de Pasto no solo estuvo marcada por la música, las danzas y las expresiones artísticas propias de la región. Este año, el circo también ocupó un lugar especial en la agenda cultural con un espectáculo que logró arrancar carcajadas y aplausos a cientos de familias que se acercaron a disfrutar de una tarde distinta.
El evento, denominado El Circo Vive, reunió a destacados recreacionistas y payasos de la ciudad que desplegaron todo su talento para hacer de la jornada un encuentro inolvidable. Entre los artistas participantes se encontraron figuras reconocidas como Miller Andrade, conocido como “Misky”, Bryan Ororio “Bransky”, el popular Payaso Gotito, César Mosquera, el Tío Memo, la “Payasita Tuerquita”, “Cachibache”, David Martínez, Nicolás Burgos, Sebastián Villota, “Tierra Floja”, Sofi la payasita Pucheros y, por supuesto, la presencia especial de Jaime Bernao, subsecretario de Cultura, quien no dudó en acompañar y aplaudir a estos exponentes del humor y la creatividad.
Espectáculo
Cada uno de ellos, con su estilo único, aportó al espectáculo una mezcla de colores, música, malabares y ocurrencias que encendieron la chispa de la alegría en niños y adultos. El público, emocionado, respondió con risas espontáneas y prolongados aplausos que dejaron en claro la importancia de mantener vivas estas expresiones culturales que fortalecen el tejido social.
Memoria colectiva
Más allá de la diversión, El Circo Vive se convirtió en un espacio de reencuentro con la tradición circense que ha acompañado por décadas a las celebraciones populares de Pasto. “El circo es parte de nuestra memoria colectiva y tiene el poder de unirnos en torno a la felicidad. Queremos que siga siendo un espacio donde la comunidad se reconozca y comparta”, expresó uno de los organizadores del evento.
El onomástico de Pasto cerró así con un broche de oro, demostrando que la cultura no solo se celebra con solemnidad, sino también con sonrisas, aplausos y la magia que solo los artistas del circo saben entregar. Una fiesta en la que la risa fue el mejor regalo para una ciudad que mantiene vivas sus tradiciones y que, al mismo tiempo, abre espacio para que la creatividad siga floreciendo en cada rincón.

